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Nuestro
cerebro tiene internalizados los ritmos de la
naturaleza.
El
ritmo circadiano (o "reloj biológico") es
una manera interna de nuestro sistema para regular
muchas de las funciones del organismo, y el sueño es
parte de ese ritmo. Esta palabra proviene del latín "circa
dies" y significa "aproximadamente un día".
La
mayoría de los animales tiene un ritmo circadiano,
una perioricidad rítmica de varias funciones fisiológicas
y de conducta que se sincronizan en un ciclo de 24
horas de luz y oscuridad. De modo que durante un período
de 24 horas existe un ciclo de muchas funciones fisiológicas
(por ej. frecuencia respiratoria, temperatura
corporal) que tienden en todos los casos a alcanzar
valores máximos durante la última parte de la tarde
y la primera de la noche, y valores mínimos en las
primeras horas de la mañana.
Estos
ritmos se controlan de manera interna, pero sus
tiempos de sincronizan y coinciden con las señales
externas (por ej. la luz).
El
sueño cumple una función reguladora y reparadora en
nuestro organismo. Sobretodo es esencial para el
control de la energía y la temperatura corporal. El
sueño reabastece y restaura los procesos corporales
que se han deteriorado durante el día.
En
la Argentina, casi nueve millones de personas, una de
cada cuatro, sufren algún tipo de trastorno del sueño.
Más de un tercio de la población adulta del mundo
occidental padece alguna patología relacionada con el
sueño a lo largo de la vida.
Varios
estudios han demostrado que cuando las personas son
privadas del sueño, éstas presentan alucinaciones y
delirios. No dormir bien altera la velocidad de los
procesos intelectuales superiores y la función
motora. Una persona que no duerme bien se siente lenta
y torpe. La reducción de las horas dedicadas al sueño
podría ser una de las causas del incremento de
enfermedades de creciente impacto en la sociedad
actual. Pero es fundamental destacar que lo más
importante, a diferencia de lo que la mayoría de la
gente suele pensar, es la calidad del sueño y no la
cantidad de horas que dormimos.
Los
trastornos del sueño están divididos en cuatro
grandes apartados según la etiología:
1
- Disomnias
a
- el
insomnio primario,
b
- la
hipersomnia primaria,
c
- la
narcolepsia,
d
- el
trastorno del sueno relacionado con la respiración,
e
- el
trastorno del ritmo circadiano y
f
- disomnias
no especificadas
2
- Parasomnias:
a
- las
pesadillas,
b
- los
terrores nocturnos, y
c
- el
sonambulismo.
-
Trastorno
del sueño relacionado con otro trastorno mental.
-
Trastorno
del sueño debido a una enfermedad médica.
-
Trastorno
del sueño inducido por sustancias.
Trastornos
primarios del sueño
Son
aquellos que no tienen como etiología los siguientes
trastornos: otra enfermedad mental, una enfermedad
medica o una sustancia. Aparecen como consecuencia de
alteraciones endógenas en los mecanismos del ciclo
sueño-vigilia. Éstos a su vez se subdividen en disomnias y en parasomnias.
1. Las
disomnias
Son trastornos del inicio o mantenimiento del sueño,
o de somnolencia excesiva. Se caracterizan por un
trastorno de la cantidad, calidad y el horario del sueño.
Las
disomnias son:
-
el
insomnio primario,
-
la
hipersomnia primaria,
-
la
narcolepsia,
-
el
trastorno del sueno relacionado con la respiración,
-
el
trastorno del ritmo circadiano y
-
la
disomnia no especificada.
a.
Insomnio
primario
El
insomnio es el trastorno del sueño más frecuente en
la población. Un 30-40% de la población adulta de
Estados Unidos y Europa lo padece, siendo más
frecuente en mujeres que en los hombres y produciéndose
un incremento significativo al aumentar la edad. Por
eso es más frecuente en la tercera edad.
Los
adultos jóvenes a menudo se quejan de tener
dificultad en conciliar el sueño, mientras que las
personas que se encuentran en la etapa media de la
vida y la gente mayor tienen más probabilidades de
presentar dificultades a la hora de mantener el sueño
y una mayor tendencia a despertarse más temprano por
la mañana.
Este
trastorno suele iniciarse en las primeras etapas de la
vida adulta o en la edad media de la vida y es raro
que aparezca en la adolescencia o en la infancia.
Uno
de los errores más comunes es pensar que lo más
importante son las horas que se duerme cuando en
realidad lo que cuenta es la calidad.
Dormir poco no es insomnio. Si durante el día el
rendimiento es óptimo, esa persona simplemente
necesita menos horas de sueño.
En
la mayoría de los casos comienza repentinamente,
especialmente cuando su aparición está estrechamente
relacionada a una situación de estrés psicológico,
médico o social; o también a una depresión o
ansiedad. Generalmente persiste mucho tiempo después
que la causa originaria haya desaparecido, incluso
puede durar muchos años.
Los
individuos que lo padecen pueden presentar fatiga y
cansancio y otros problemas como cefaleas, tensión
muscular y molestias gástricas.
Se
caracteriza por la dificultad
de iniciar o mantener el sueño, o la sensación de no
haber tenido sueño reparador, durante al menos un mes.
Presentan dificultad para dormir y despertares
frecuentes durante la noche. Con menos frecuencia se
quejan de no tener sueño reparador, es decir de haber
tenido un sueño poco profundo y de poca calidad.
Se
asocia con un aumento del nivel de alerta fisiológica
y psicológica durante la noche. La preocupación
intensa y el malestar por la imposibilidad de dormir
puede generar un círculo vicioso: cuanto más se
intenta dormir, más frustrado y molesto se encuentra,
y menos duerme. Por el contrario, se puede dormir más
fácilmente cuando no se procura.
b.
Hipersomnia
primaria
Aproximadamente
el 5-10% de los individuos que acuden a consulta por
quejas de sueño son diagnosticados con hipersomnia.
Este trastorno suele iniciarse entre los 15 y los 30 años
y progresa gradualmente, aunque en general se resuelve
en la edad adulta.
Se
caracteriza por ser una somnolencia
excesiva durante el día durante al menos un mes,
evidenciada tanto por episodios prolongados de sueño
como por episodios de sueño diurno que se producen prácticamente
cada día. La duración del episodio del sueño más
largo (para la mayoría de las personas el sueño
nocturno) oscila entre 8 y 12 horas, y a menudo se
acompaña de problemas a la hora de levantarse.
La
calidad del sueño nocturno es normal. La somnolencia
excesiva durante las horas habituales de vigilia toma
la forma de siestas intencionadas o de episodios de
sueño inadvertido. Las siestas durante el día suelen
ser prolongadas (duran más de una hora), y la persona
nota que no son reparadoras.
Las
personas con hipersomnia primaria presentan un nivel
bajo de alerta y de rendimiento, así como también
pobre concentración. La somnolencia, a menudo
atribuida, por error al aburrimiento o a la pereza,
puede también afectar las relaciones sociales y
familiares.
Es
importante poder diferenciar la hipersomnia de los
"grandes dormidores", es decir, individuos
que necesitan un tiempo de sueño superior a la media
y no aquejan somnolencia diurna excesiva. Únicamente
si las exigencias laborales o sociales les quitan
horas de sueño, entonces presentan síntomas diurnos.
Por otro lado, las personas con hipersomnias se
diferencian de los "grandes dormidores"
porque la somnolencia diurna excesiva aparece
independientemente del tiempo de sueño nocturno.
También
hay que distinguirla del sueño nocturno insuficiente,
es decir aquel inferior a 7 horas diarias.
c.
Narcolepsia
Este
trastorno aparece en un 0,02% de la población adulta,
en una misma proporción en hombres y mujeres.
Es
la aparición recurrente e irresistible de sueño
reparador, cataplejía e intrusiones recurrentes de
elementos característicos de la fase REM
(Etapa de sueño profundo llamada Rapid Eye Movement) en
el período de la transición entre el sueño y la
vigilia.
La
somnolencia disminuye típicamente tras el ataque del
sueño y reaparece varias horas después. Los ataques
del sueño aparecen durante al menos tres meses,
aunque la mayoría de los pacientes lo padecen durante
años antes de recurrir a un médico. Éstos surgen en
situaciones claramente inadecuadas, como por ejemplo
durante una conversación o mientras se está
conduciendo un automóvil, y duran aproximadamente
entre 10 y 20 minutos.
La
cataplejía es la aparición de episodios súbitos de pérdida del
tono muscular que duran entre segundos y minutos y que
suelen estar desencadenados por emociones intensas
(ira, sorpresa, risa). La deprivación del sueño
aumenta la frecuencia y la intensidad de los episodios
de cataplejía.
Los
elementos característicos de la fase REM (Rapid Eye
Movement) que suelen presentar estas personas son parálisis
de los músculos voluntarios o alucinaciones de carácter
onírico. El 20-40% de los individuos con narcolepsia
recuerdan los sueños justo antes de quedarse dormidos
o justo despose de despertarse.
Muchas
de las personas que lo padecen se muestran reacios a
acudir a acontecimientos sociales por temor a quedarse
dormidos o sufrir un episodio de cataplejía. A veces
intentan prevenirlos controlando sus emociones, lo que
puede determinar una falta total de expresividad que
acaba interfiriendo en sus relaciones interpersonales.
d.
Trastorno
del sueño relacionado con la respiración
Este
trastorno tiene un inicio insidioso, una progresión
gradual y suele ser crónico.
Se
lo define como una desestructuración
del sueño que da lugar a una somnolencia excesiva o
insomnio, y que se considera secundaria a las
alteraciones de la ventilación durante el sueño.
La
somnolencia excesiva es el motivo de consulta más
frecuente de quienes padecen este trastorno. Ésta es
producida por los frecuentes intentos de activación
que lleva a cabo el individuo durante el sueño
nocturno en un intento por respirar normal. La
somnolencia se hace más evidente en situaciones de
relajación, por ejemplo mientras se lee o mira
televisión. La incapacidad del individuo por
controlarla también se hace patente en reuniones
aburridas o en el cine, teatros o conciertos. Incluso
suelen quedarse dormidos con frecuencia. Las siestas
no son reparadoras.
Entre
las alteraciones respiratorias que tienen lugar
durante el sueño en este trastorno se incluyen:
-
las
apneas (episodios
de interrupción de la respiración),
-
hipoapneas
(respiración anormalmente
lenta o superficial), e
-
hipoventilación
(niveles sanguíneos de oxígeno
y dióxido de carbono anormales).
Existen
tres formas del trastorno del sueño relacionado con
la respiración:
-
Síndrome
de apnea obstructiva del sueño.
-
Síndrome
de apnea central del sueño.
-
Síndrome
de hipoventilación alveolar central.
El
síndrome de la
apnea obstructiva del sueño es la forma más
frecuente de estos trastornos. Aparece en el 1-10% de
la población adulta, aunque suele ser más elevada en
al tercera edad. En general aparece entre los 40 y 60
años y las mujeres tienen más probabilidad de
presentarlo después de la menopausia. Varios estudios
revelan que existe cierta tendencia familiar a
presentar dicho trastorno.
Se
caracteriza por episodios repetidos de obstrucción de
las vías superiores (apneas o hipoapneas) durante el
sueño. En general suele incidir en individuos con
sobrepeso y conduce a un estado de somnolencia
excesiva. Los ronquidos implican el paso del aire por
vías parcialmente obstruidas y en los períodos de
silencio respiratorio se producen las apneas o
hipoapneas, es decir, el cese de la respiración
debido a una obstrucción total de las vías aéreas
superiores. Es típico que esta persona lleve años
siendo roncador, incluso desde la infancia. Los
ronquidos suelen ser lo suficientemente intensos que
perturban a quienes duermen a su alrededor. En
ocasiones el final de una apnea se asocia con fuertes
ronquidos, inspiraciones bruscas, gemidos o murmullos
o movimientos de todo el cuerpo estruendosos y
"resucitadores". La mayoría de las personas
que lo padecen no son conscientes de estos síntomas,
aunque su pareja se ve obligada a cambiarse de cama o
incluso de habitación.
El
síndrome de la
apnea central del sueño se caracteriza por
interrupciones episódicas de la ventilación durante
el sueño (apneas o hipoapneas) en ausencia de
obstrucción de las vías aéreas. Este síndrome es más
frecuente en personas de mayor edad y como resultado
de enfermedades cardiacas o neurológicas que afectan
la regulación de la ventilación. Pueden ser
roncadores de carácter leve, aunque en general no
acuden a consulta por este motivo, sino más bien por
los usuales despertares repentinos en el sueño
nocturno.
El
síndrome de
hipoventilación alveolar se caracteriza por un
deterioro en el control de la ventilación que
determina niveles arteriales de oxígeno anormalmente
bajos, agravados, sobretodo durante el sueño
(hipoventilación sin apneas o hipoapneas). Este
trastorno suele presentarse en personas con sobrepeso
y puede asociarse a la somnolencia excesiva, así como
también al insomnio.
e. Trastorno del ritmo circadiano
Es la
presencia persistente o recurrente de un patrón de
sueño desetructurado que obedece a una mala
sincronización ente el sistema circadiano endógeno
de sueño-vigilia de la persona, por una parte, y las
exigencias exógenas de espaciamiento y duración del
sueño, por otra.
Debido
a esta desincronización quienes lo padecen pueden
aquejar insomnio en ciertos momentos del día y
somnolencia excesiva en otros.
Existen
distintos subtipos:
-
Tipo
sueño retrasado
(en relación con las demandas de la sociedad):
Las personas que presentan este subtipo son las
que popularmente se las conocen como "búhos
de noche". Poseen una capacidad reducida para
adelantar las fases del ciclo sueño-vigilia, se
despiertan y duermen con arreglo a unos horarios
coherentes, pero retrasados. Un 7% de los
adolescentes lo padecen. Suele prolongarse por años,
décadas, pero puede corregirse por sí mismo
debido a la tendencia natural del ritmo circadiano
endógeno a adelantarse con la edad. El
tratamiento con técnicas de retaso progresivo del
ritmo sueño-vigilia basta para normalizar las
horas el sueño, aunque muchas veces eso tiene una
eficacia temporal, ya que existe una
vulnerabilidad persistente a recaer en patrones de
sueño de tipo retrasado.
-
Tipo
jet lag:
Estas personas aquejan una desincronización entre
el horario de sueño que ellos desean y el que les
viene impuesto por la zona en donde se encuentran.
-
Tipo
cambios turno de trabajo:
Estas personas presentan un ciclo circadiano sueño-vigilia
normal, pero la alteración nace del conflicto
entre el patrón sueño-vigilia generado por el
sistema circadiano y el nuevo patrón que exige un
cambio de turno de trabajo. Varios estudios
demuestran que el 60% de los trabajadores del
turno noche lo padecen. Persiste mientras el
individuo se sigue sometiendo a determinados
horarios de trabajo. Los síntomas desaparecen
durante las 2 primeras semanas que siguen a la
implantación de un ritmo sueño-vigilia normal.
2. Las parasomnias
Son trastornos caracterizados por
comportamientos o fenómenos fisiológicos anormales
que tienen lugar coincidiendo con el sueño, con
alguna de sus fases especificas o con las transiciones
sueño-vigilia.
Éstos conllevan a la activación del sistema nervioso
vegetativo, del sistema motor o de los procesos
cognoscitivos durante el sueño o las transiciones sueño-vigilia.
Cada
parasomnia afecta una fase característica del sueño.
Las personas que la padecen acuden a consulta debido a
comportamientos extraños durante el sueño, más que
por quejas de insomnio o somnolencia diurna excesiva.
Las
parasomnias son:
-
las
pesadillas,
-
los
terrores nocturnos, y
-
el
sonambulismo.
-
Pesadillas
Entre
un 10 y un 50% de los niños de tres a cinco años
tiene pesadillas de suficiente intensidad como para
inquietar a los padres. En la población adulta hasta
el 50% de los individuos refiere haber tenido
pesadillas en alguna ocasión.
Se
las entiende como apariciones repetidas de sueños
terroríficos que despiertan a la persona, pasando
esta a un estado vigil.
El contenido suele centrarse en peligros físicos
inminentes para la persona, o en cuestiones más
sutiles como fracasos personales o situaciones
embarazosas. Las pesadillas que aparecen después de
experiencias traumáticas pueden recrear la situación
original.
Si
los despertares nocturnos son frecuentes o el
individuo evita dormir por miedo a ellas, puede
aparecer somnolencia excesiva, dificultades para la
concentración, depresión, ansiedad, irritabilidad,
lo que puede afectar las actividades diarias de la
persona.
Las
pesadillas suelen aparecer por primera vez entre los 3
y los 6 años. Cuando la frecuencia es elevada, pueden
constituir un motivo de preocupación y malestar tanto
para el niño como para sus padres. La mayoría de los
niños con problemas de pesadillas suelen superarlos
con la edad. En unos pocos casos estos sueños
recurrentes persisten en la edad adulta, siendo
virtualmente un problema crónico. Se ha descrito una
tendencia a la mejoría al llegar a la tercera edad.
-
Terrores
nocturnos
Hay
pocos datos sobre los terrores nocturnos, pero se
estima que lo padecen entre un 1 y un 6 % de los niños
y menos de un 1% en los adultos.
Son
despertares bruscos que suelen estar precedidos por
gritos o lloros de angustia. Estos episodios se acompañan
de activación vegetativa y manifestaciones
comportamentales de miedo intenso.
Durante el episodio resulta difícil despertar o
calmar a la persona. De todas formas, si consigue
despertarse, no recuerda nada del contenido de terror
o bien sólo imágenes fragmentadas y aisladas. En la
mayoría de las ocasiones las persona no recupera el
estado vigil completo, volviéndose a dormir y a la mañana
no recuerda lo ocurrido durante la noche.
Los
terrores nocturnos se inician generalmente en niños
con edades comprendidas entre los 4 y los 12 años, y
desaparecen espontáneamente durante la adolescencia.
En los adultos lo más frecuente es que aparezca entre
los 20 y los 30años, siguiendo a menudo un curso crónico
donde la frecuencia y la gravedad de los trastornos
evidencia altas y bajas. Los terrores nocturnos
aparecen a intervalos de días o semanas, aunque
pueden hacerlo en noches consecutivas.
-
Sonambulismo
Se caracteriza por la aparición
de repetidos comportamientos motores complejos que se
inician durante el sueño e implican que la persona se
levante de la cama y empiece a andar.
Durante estos episodios ésta presenta una disminución
del estado vigil y de la reactividad a estímulos,
mirada fija y perdida, y una ausencia relativa de
repuesta al diálogo o a los esfuerzos que emprenden
los demás para despertarlo. Si logra despertarse
durante uno de estos episodios, no los recuerda con
claridad, y cuando se levanta por la mañana sucede
exactamente lo mismo.
La
mayoría de los comportamientos que aparecen durante
los episodios de sonambulismo son de carácter
rutinario y poco complejos. Pueden terminar con un
despertar repentino y espontáneo seguido por períodos
de confusión. En otros casos pueden acostarse y
seguir durmiendo como si nada hubiera pasado.
El
sonambulismo tiene una incidencia familiar. Hasta el
80% de los individuos sonámbulos presenta
antecedentes familiares de sonambulismo o terrores
nocturnos, y aproximadamente el 10-20% tiene algún
pariente de primer grado (padre o madre) con
sonambulismo. El riesgo de sufrir este trastorno
aumenta todavía más cuando ambos padres tienen
antecedentes de haberlo padecido. Se ha sugerido una
transmisión de tipo genético, aunque todavía no se
conoce el mecanismo exacto de esta transmisión.
Una
vez que el niño aprende a caminar el sonambulismo
puede aparecer a cualquier edad, aunque la mayoría de
los episodios suelen darse entre los 4 y los 8 años.
El
sonambulismo que aparece en la infancia suele
desaparecer en la adolescencia, típicamente hacia los
15 años de edad. Con menos frecuencia los episodios
aparecen en la edad adulta, en cuyo caso debe
sospecharse que el individuo esté consumiendo alguna
sustancia o que haya una enfermedad neurológica
subyacente.
El
sonambulismo en los adultos es generalmente crónico
con altos y bajos. Si bien es cierto que a cualquier
edad pueden aparecer episodios de sonambulismo de carácter
aislado, lo más frecuente es que se repitan durante
varios años.
El
trastorno del sueño relacionado con otro trastorno
mental
Consiste en alteraciones del sueño
debido a un trastorno mental diagnosticable
(a menudo los trastornos del estado de ánimo o
trastornos de ansiedad), que es de suficiente gravedad
como para merecer atención clínica independiente.
Probablemente los mecanismos fisiopatológicos
responsables del trastorno mental también afectan la
regulación del ciclo sueño-vigilia.
Los
problemas de sueños son extremadamente frecuentes en
todos los trastornos mentales. El insomnio es el diagnóstico
más frecuente (30-50%), la hipersomnia, en cambio es
mucho menos frecuente (inferior al 5%).
El
trastorno del sueño debido a una enfermedad médica
Consiste
en alteraciones del sueño como consecuencia de los
efectos fisiológicos directos de una enfermedad médica
sobre el sistema sueño-vigilia.
Existen
subtipos que se emplean para diferenciar que tipo de
cuadro clínico predomina:
-
Tipo
insomnio:
Refiere a motivos de consulta que hacen especial
hincapié en la dificultad para conciliar o
mantener el sueño, o en la sensación de
despertarse de sueño no reparador.
-
Tipo
hipersomnia:
Cuando el motivo de consulta es la excesiva duración
del sueño nocturno o la excesiva somnolencia
durante horas de vigilia.
-
Tipo
parasomnia:
Hace referencia a alteraciones del sueño
caracterizada por comportamientos anormales que
tienen lugar durante el sueño o durante la
transición sueño vigilia.
-
Tipo
mixto:
Este subtipo explica el problema del sueño debido
a una enfermedad médica caracterizada por múltiples
síntomas relacionados con el sueño, pero sin que
ninguno de ellos predomine.
El
trastorno del sueño inducido por sustancias
Consiste
en alteraciones del sueño como consecuencia del
consumo o abandono de una sustancia particular (fármacos
incluídos).
Existen
subtipos que se emplean para diferenciar que tipo de
cuadro clínico predomina:·
-
Tipo
insomnio:
Refiere a motivos de consulta que hacen especial
hincapié en la dificultad para conciliar o
mantener el sueño, o en la sensación de
despertarse de sueño no reparador.
-
Tipo
hipersomnia:
Cuando el motivo de consulta es la excesiva duración
del sueño nocturno o la excesiva somnolencia
durante horas de vigilia.
-
Tipo
parasomnia:
Hace referencia a alteraciones del sueño
caracterizada por comportamientos anormales que
tienen lugar durante el sueño o durante la
transición sueño vigilia.
-
Tipo
mixto:
Este subtipo explica el problema del sueño debido
a una enfermedad médica caracterizada por múltiples
síntomas relacionados con el sueño, pero sin que
ninguno de ellos predomine.
El
trastorno del sueño inducido por sustancias aparece
casi durante la intoxicación con las siguientes
clases de sustancias: alcohol, anfetamina y derivados;
cafeína, cocaína; opiáceos; y sedantes, hipnóticos
y ansiolíticos.
-
Alcohol:
El trastorno del sueño inducido por el alcohol
toma las características del tipo insomnio.
Durante la fase de intoxicación éste produce un
efecto sedante inmediato, es decir, aumenta la
somnolencia y disminuye la vigilia. Luego de unas
3-4 horas la persona muestra un aumento de las
horas de vigila, un sueño no reparador y, a
menudo una actividad onírica de carácter vívido
y ansioso durante el sueño. El alcohol puede
agravar un trastorno de sueño relacionado con la
respiración preexistente. En los individuos que
lo consumen de forma habitual, el alcohol produce
igualmente un efecto sedante de corta duración
durante unas horas, para luego dar paso a una
alteración de la continuidad del sueño durante
unas horas más. Durante la abstinencia de
alcohol, el sueño muestra una clara
desestructuración, es decir una alteración en la
continuidad del sueño.
-
Anfetaminas
y estimulantes afines:
Estos trastornos se caracterizan por la presencia
de insomnio durante la intoxicación y de
hipersomnia durante la abstinencia, que da lugar
al aumento de la duración del sueño nocturno y a
somnolencia diurna excesiva.
-
Cafeína:
Este trastorno de sueño produce típicamente
insomnio, si bien algunas personas, coincidiendo
con períodos de abstinencia se quejan de
hipersomnia y somnolencia diurna.
-
Cocaína:
Como otros estimulantes, la cocaína produce típicamente
insomnio durante la intoxicación aguda e
hipersomnia durante la abstinencia. Una vez
superada esta fase suelen aparecer alteraciones,
por ejemplo una enorme prolongación de la duración
sueño.
-
Opiáceos:
Durante la administración aguda y de breve período
los opiáceos producen un aumento de la
somnolencia y de la profundidad subjetiva del sueño.
La administración crónica produce tolerancia a
los efectos sedantes, y algunas personas se quejan
de insomnio. Durante la abstinencia aparecen síntomas
de hipersomnia.
-
Sedantes,
hipnóticos y ansiolíticos:
Los fármacos pertenecientes a este grupo (por ej.
los barbitúricos, benzodiacepinas, etc.) producen
efectos similares, aunque no idénticos, sobre el
sueño. Durante la intoxicación aguda los fármacos
sedantes-hipnóticos producen el esperado aumento
de somnolencia y disminución del estado vigil. El
consumo crónico de estas sustancias puede
producir tolerancia y como consecuencia causar
insomnio. Si el individuo aumenta la dosis de fármaco,
aparecerá hipersomnia diurna. Estas sustancias
pueden agravar los trastornos del sueño
relacionados con la respiración, aumentando la
frecuencia e intensidad de los episodios de apnea
obstructiva del sueño.
-
Otras
sustancias:
Otras sustancias pueden provocar trastornos del
sueño. Ejemplos típicos son los medicamentos que
afectan el sistema nervioso central o vegetativo.
Estos fármacos suelen prescribirse para arritmias
cardíacas, enfermedades pulmonares obstructivas
crónicas, los problemas de la motilidad
gastrointestinal y los procesos inflamatorios.
Consejos
útiles para luchar contra el insomnio
-
El
ejercicio físico
realizado con regularidad permite reducir el
desajuste horario, y la intensidad de sus efectos
sobre el cuerpo y la mente. Pero hágalo durante
el día. Evite las horas las horas anteriores a
irse a dormir, ya que la actividad aeróbica puede
generar demasiada energía como para quedarse
dormido con facilidad. Se recomienda una caminata
diaria antes de la cena.
-
Establezca
un horario
fijo para levantarse y acostarse.
-
Evite
las bebidas alcohólicas.
El alcohol puede ser un remedio a corto plazo. Al
principio tiene un efecto sedante, pero luego
produce insomnio y sueño no reparador, sueño
superficial, seguido de despertares nocturnos.
-
Calcule
sus necesidades.
La cantidad de tiempo que se tarda en conciliar el
sueño, es un indicador válido para determinar si
el tiempo que se duerme es un factor que
contribuye a la fatiga, siempre y cuando no
existan otro tipo de problemas físicos o
emocionales. Si tarda cinco minutos o menos es
probable que no duerma lo suficiente. De cinco a
veinte minutos es lo normal. Y si tarda más
significa que usted todavía no está preparado
para dormir.
-
El
baño
caliente es otro de los métodos para
relajarse antes de dormir. El agua tibia relaja y
produce una sensación de bienestar.
-
Tome
leche tibia
antes de acostarse. Libera triptofano, que es una
sustancia que induce el sueño. Según ciertos
estudios la leche contiene otra sustancia llamada
benzodiacepinas que funcionan como hipnóticos
naturales.
-
La
melatonina
útil especialmente para inducir el sueño, para
personas que sufren de jetlag o personas de la
tercera edad que tiene un déficit en la segregación
de esta hormona.
-
Cene
liviano
y no se acueste hasta dos horas después de cenar.
-
Controle
el ruido, la luz y la temperatura
de su habitación.
-
Si
no se puede dormir levántese y vuelva cuando
tenga sueño.
-
Cuente
ovejas. Cualquier actividad mecánica y tediosa
puede ayudar.
-
Pruebe
con tranquilizantes naturales como por ejemplo la
manzanilla el tilo o la pasionaria.
-
Encuentre
el horario
adecuado para dormir. Cada uno debe encontrar
sus propios ritmos y hábitos de sueño.
-
No
use el dormitorio para otras actividades que no
sean dormir.
-
Evite
las siestas.
-
No
se obsesione cuando no puede dormirse.
-
La
tensión nerviosa es enemiga del insomnio. Afloje
los músculos, relájese, empezando por los pies y
las piernas.
-
Evite
tomar bebidas con cafeína y no fume
por lo menos seis horas antes de irse a dormir. El
tabaco es una sustancia estimulante
|