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Dentro
de la conducta humana, existen muchos tipos de
amor: sexual, parental, filial, fraternal y
narcisista. El estar enamorado, implica el deseo
de mantener una relación íntima con el objeto
amado.
El
desarrollo de la sexualidad y el desarrollo de
la capacidad de amar tiene efectos recíprocos.
La persona que es capaz de dar y recibir, amor,
posee la capacidad de desarrollar relaciones íntimas
genuinas con otras personas. En este dar y
recibir, las relaciones sexuales son un
componente esencial dentro de las parejas. La
sexualidad del individuo esta conectada con
otras características personales como la propia
biología y el sentido de identidad.
Hay
teorías que postulan la importancia de proteger
la adecuada satisfacción de las necesidades
sexuales como medio de equilibrio personal y
social. Se sostiene que es saludable mantener
relaciones sexuales gratificantes. El placer
sexual es deseado y buscado como complemento
indispensable en la vida de pareja. En
ocasiones, el mal funcionamiento sexo-genital y
coital en una pareja matrimonial puede llevar a
la ruptura de la misma.
La
actividad sexual se ha incorporado como algo
rutinario en la vida del matrimonio y la búsqueda
del placer sexual es tan importante como el
tener un sustento económico, criar hijos o
progresar en la vida. En la actualidad, este
placer sexual es requisito, tanto para la mujer,
como para el hombre.
Un
matrimonio con erotismo, una sexualidad plena y
placentera incorporada, son una aspiración de
las nuevas generaciones.
Actualmente
la concepción del coito como un elemento
meramente reproductivo se ha cambiado por un
elemento de comunicación, unión y placer.
Dentro
de las áreas de conducta humana, el
comportamiento y la actividad sexual son difíciles
para establecer el límite entre lo normal y lo
anormal o patológico. Los criterios varían de
una cultura a otra, en distintas sociedades, en
cada religión y en cada momento temporal.
La
anormalidad estaría relacionada con una
conducta sexual:
-
destructiva
para uno mismo o para los demás,
-
no
dirigida hacia un compañero,
-
que
excluye la estimulación de los órganos
sexuales primarios,
-
asociada
inadecuadamente a sentimientos de culpa y
ansiedad,
-
de
naturaleza compulsiva.
El
sexo fuera del matrimonio, la masturbación, y
diferentes formas de estimulación sexual que
implican otros órganos aparte de los sexuales
primarios, se contemplarían dentro de los límites
de la normalidad.
Para
clasificar los trastornos de la sexualidad, el
DSM IV (Cuarta edición del Manual Diagnóstico
y Estadístico de Trastornos Mentales de la
Asociación Psiquiátrica Norteamericana) los
concentra en tres grupos:
A) Disfunciones Sexuales:
se relacionan con
trastornos en una fase particular de la
respuesta sexual. La función sexual puede verse
afectada por factores estresantes, factores
emocionales, o por la ignorancia sobre la función
sexual y la fisiología. La disfunción puede
ser de toda la vida o puede adquirirse en un
momento dado. Dentro de este grupo se
encuentran:
B)
Parafilias:
son trastornos caracterizados por fantasías
sexuales muy específicas, así como necesidades
y prácticas sexuales repetitivas, que causan un
intenso malestar a la persona. La fantasía
sexual específica es el elemento patológico.
Las parafilias son conductas que excluyen o dañan
a otros, y que alteran el potencial para la unión
entre dos personas. Entre las mismas se
presentan:
-
Exhibicionismo
(necesidad de exponer los propios genitales)
-
Fetichismo
(se consigue la
excitación sexual mediante objetos)
-
Froteurismo
(frotamiento de los órganos sexuales
primarios masculinos contra alguna parte del
cuerpo femenino)
-
Fedofilia
(fantasías sexuales y comportamientos
excitantes que implican la actividad sexual
con niños menores de 13 años)
-
Masoquismo
sexual (se
consigue la actividad sexual mediante
comportamientos reales en los cuales se es
humillado, pegado o atado)
-
Sadismo
sexual (fantasías
sexuales excitantes y comportamientos que
implican actos reales en donde el
sufrimiento psicológico o físico de otra
persona resulta sexualmente excitante)
-
Voyeurismo
(actos que implican observar a otras
personas que están desnudas o teniendo
relaciones sexuales)
-
Fetichismo
transvertista (necesidad
de vestirse con ropa de mujer para conseguir
excitarse sexualmente)
C)
Trastorno de la identidad sexual:
se relaciona con el sentimiento persistente de
malestar que una persona experimenta con su sexo
biológico y su rol sexual.
Disfunciones
Sexuales
Trastorno
del deseo sexual
La
fase de deseo sexual se caracteriza por las
fantasías sexuales y por el deseo de iniciar
una actividad sexual. La alteración en esta
fase puede llevar a dos trastornos: deseo sexual
hipoactivo y el trastorno por aversión al sexo.
El
deseo sexual hipoactivo se caracteriza por
ausencia de fantasías sexuales o de no llevar a
cabo la actividad sexual. Generalmente estas
personas no llevan a cabo una actividad sexual o
la llevan a cabo con disconformidad, cuando su
pareja así lo decide. Muchas veces esta
disminución del deseo por el sexo está
asociada a problemas de excitación sexual o
dificultades para llegar al orgasmo.
La
aparición del deseo sexual se relaciona con
varios factores, como por ejemplo, el impulso
biológico, una autoestima adecuada,
experiencias previas agradables, disponibilidad
de un compañero apropiado y una buena relación
con éste. En la medida en que alguno de estos
factores no se presenten, el deseo sexual puede
inhibirse.
Se
estima que el 40% de la población general
presenta un deseo sexual hipoactivo, siendo este
más frecuente entre las mujeres que entre los
hombres.
Con
respecto al trastorno por aversión al sexo, se
reconoce por un sentimiento de repugnancia o
rechazo del contacto sexual genital con la
pareja.
Generalmente
el individuo sufre ansiedad, miedo, o aversión
a la hora de intentar una relación sexual.
Algunos individuos pueden presentar repulsión
por todos los estímulos de tipo sexual, incluso
besos y contactos superficiales.
Trastorno
de la excitación sexual
La
fase de excitación consiste en la sensación
subjetiva de placer sexual que se acompaña de
cambios fisiológicos. Los trastornos se dividen
en: trastorno de la excitación sexual en la
mujer y trastorno de la erección en el hombre.
El
trastorno de la excitación sexual en la mujer
consiste en la incapacidad de conseguir o
mantener una respuesta de lubricación hasta el
final de la actividad sexual. La respuesta
excitatoria consiste en una vasocongestión
pelviana, en una lubricación y dilatación
vaginal, y en una tumefacción de los genitales
externos. En relación a este trastorno se
asocian muchos factores psicológicos como,
ansiedad, culpa y miedo.
El
trastorno de la erección en el hombre es una
incapacidad recurrente de mantener u obtener una
erección apropiada hasta el final de la
actividad sexual. El trastorno de la erección
adquirido se presenta en un 42,27% de todos los
hombres. La incidencia de la impotencia se
incrementa con la edad. Los datos estadísticos
indican que entre los adultos jóvenes, un 8% de
la población esta afectada por este trastorno.
Las causas de este trastorno pueden ser orgánicas,
psicológicas o una combinación de ambas.
Para
el tratamiento de la disfunción sexual eréctil,
existe una nueva droga, sildenafil (más
conocida como Viagra), cuya administración se
realiza por vía oral. Su efecto se obtiene
aproximadamente una hora después de su
administración mediante el mejoramiento de la
relajación de los músculos cavernoso, debido a
la inhibición de la fosfodiesterasa de tipo 5.
Las
dósis orales habituales, administradas en
adultos sanos, son rápidamente absorbidas y las
concentraciones plasmáticas alcanzan a las 0.5
a 2 horas su pico máximo con un tiempo máximo
de una hora. Por lo tanto, la dosis
habitualmente recomendado es 50 mg una hora
antes de involucrarse en la actividad sexual.
La
única contraindicación absoluta esta dada en
los pacientes que están usando dadores de NO o
nitratos debido a que el sildenafil potencia la
acción hipotensora de éste tipo de drogas.
Pacientes que están expuestos a éste tipo de
medicación por problemas coronarios, debería
contraindicarse. Debe mencionarse que el uso de
concomitante con bloqueantes del Ca no es una
contraindicación, pero debe hacerse bajo
estricto control cardiológico. A su vez debido
a razones obvias, está contraindicada con el
uso excesivo de alcohol, y además no tiene
experiencia en pacientes que sean
farmacodependientes.
Trastornos
del orgasmo
La
fase del orgasmo consiste en un punto de máximo
placer, con la liberación de la tensión sexual
y la contracción rítmica de los músculos del
perineo y de los órganos reproductores. Los
trastornos se dividen en: disfunción orgásmica
femenina, disfunción orgásmica masculina y
eyaculación precoz.
La
disfunción sexual femenina se caracteriza por
ausencia o retraso recurrente del orgasmo en la
mujer luego de una fase de excitación sexual
normal. Es la incapacidad de conseguir un
orgasmo, ya sea a través del coito o a través
de la masturbación. Se relacionan con este
trastorno, factores psicológicos como miedo al
embarazo, rechazo hacia el compañero sexual y
sentimientos de culpa referente a los impulsos
sexuales. Se estima que este trastorno aparece
en el de 30 % de la población.
La
disfunción orgásmica masculina posee una
característica esencial que es la ausencia o
retraso recurrente del orgasmo tras una fase de
excitación sexual normal. La disfunción orgásmica
de toda la vida se relaciona con una
psicopatología grave, mientras que si es
adquirida se podría relacionar con dificultades
interpersonales. Los datos estadísticos indican
que un 7,22% de la población esta afectada por
este trastorno.
En
relación a la eyaculación precoz, el hombre
consigue el orgasmo y eyacula antes de lo que
desearía. El sujeto consigue la eyaculación en
respuesta a una estimulación mínima, al poco
tiempo que se inició la penetración o antes
que la persona lo desee. La dificultad en el
control de la eyaculación puede estar vinculado
con ansiedades relacionadas con el acto sexual,
con miedos inconsistentes a la vagina o
problemas interpersonales. Los estudios estadísticos
indican que un 35%-40% de los hombres tratados
por disfunciones sexuales padecen eyaculación
precoz como trastorno principal.
Un
consejo útil para hombres con este trastorno se
relaciona con el método de la reorientación de
la atención. Más que centrar su atención en
temas no sexuales, se le recomienda que se
concentre por ejemplo en qué siente cuando
cambia de posición o de ritmo, qué tipo de
sensaciones percibe y cómo varían al cabo de
un rato. Mediante esta reorientación de la
atención, el sujeto logra experimentar un mayor
placer, consiguiendo retrasar la eyaculación.
También
pueden ser útil algunos consejos sobre relajación
y la capacidad de controlar el ritmo
respiratorio. La musculatura tensa parece que
provoca con mayor rapidez la eyaculación,
mientras que el estar relajado y el hacer
respiraciones lentas y profundas retrasan esta
probabilidad.
Habitualmente
el hombre que tiene un problema de eyaculación
precoz evita el contacto con su pareja, la cual
también lo evita debido a anteriores
frustraciones. Por eso, incrementar la
frecuencia del contacto sexual, llegando al
orgasmo y a la eyaculación, es lo que se
recomienda. Sucede que cuando se deciden a
mantener un contacto, el sujeto se encuentra tan
excitado que cualquier caricia, por superficial
que sea, es suficiente para producir la
eyaculación. Esto es lo que no tiene que pasar
si desea incrementar sus sensaciones placenteras
sin una eyaculación inmediata.
Trastornos
sexuales por dolor
Estos
trastornos se dividen en: dispareunia y
vaginismo.
La
dispareunia es un dolor genital antes, durante o
después el coito. Esta alteración aparece
tanto en el hombre como en la mujer, pero es más
frecuente en las mujeres. El dolor es real,
convirtiendo el coito en algo desagradable.
Muchas veces, ante la anticipación de dolor se
intenta evitar la actividad sexual. Se estima
que el 14% de la población padece este
trastorno.
En
cambio, el vaginismo consiste en una contracción
muscular involuntaria del tercio externo de la
vagina que impide la inserción del pene y el
coito. Las causas pueden ser varias como,
experiencias sexuales desagradables (violación),
problemas en la pareja o educación religiosa
muy estricta. A partir de los datos estadísticos,
se observó que un 14%
de
la población presenta este trastorno.
Tratamiento
La
Terapia sexual en pareja tiene como objeto la
unidad conyugal odiada. No se acepta que hay una
parte enferma en un miembro de la pareja. Ambos
cónyuges están implicados en los problemas
sexuales que sufren y deben participar en el
programa terapéutico.
Muchas
veces este problema sexual refleja otras áreas
de desacuerdo o desequilibrio en la pareja. Se
trata la relación conyugal en su conjunto,
utilizando siempre una actitud educativa. Se
sugieren actividades sexuales específicas, y éstas
son puestas en práctica por la pareja en la
intimidad. El terapeuta intenta reflejar la
situación tal como él la ve.
En
ocasiones una visión objetiva de la relación
presentada por el terapeuta, corrige el punto de
vista distorsionado sostenido por cada miembro
de la pareja. La nueva perspectiva puede
interrumpir el círculo vicioso de la relación
y mejorar la comunicación. Los problemas
sexuales muchas veces implican una información
deficitaria, ideas erróneas sobre el sexo y
miedo a la ejecución.
En
todo momento se potencia la comunicación fluida
entre los integrantes de la pareja y la expresión
de las necesidades mutuas. Gradualmente, la
pareja va ganando confianza, aprendiendo a
comunicarse verbal y sexualmente.
La
terapia sexual en pareja es más efectiva cuando
existen disfunciones sexuales que no están
asociados a otros trastornos psicopatológicos.
Otro
tipo de terapia es la conductual, que se basa en
el supuesto de que la disfunción sexual es una
conducta aprendida. El terapeuta ve al paciente
como si éste se sintiese temeroso ante la
interacción sexual. Se lo alienta para que
controle su ansiedad a través de un programa de
desensibilización sistemática.
La
terapia grupal proporciona un sistema de apoyo
firme para un paciente que se siente
avergonzado, ansioso o culpable de algún
problema sexual concreto. Es el contexto ideal
para desmembrar mitos sexuales, corregir ideas
erróneas y ofrecer información adecuada sobre
la anatomía sexual, fisiológica y variedades
de conductas.
B)
Parafilias
Exhibicionismo
La
característica esencial consiste en la exposición
de los propios genitales a una persona extraña.
Con frecuencia el sujeto se masturba durante la
exposición. Casi el 100% de los casos, las
personas que se exhiben son hombres, y lo hacen
ante mujeres. Estos sujetos necesitan la
afirmación de su masculinidad, lo cual lo lleva
a mostrar su pene, observando la reacción de la
víctima (sorpresa, disgusto, susto). En la
mayoría de los casos las esposas de estos
individuos ocupan el lugar de la madre, a la
cual estos sujetos estuvieron muy unidos en la
infancia.
·
Fetichismo
La
particularidad de esta alteración, radica en
que el foco de excitación sexual se consigue
mediante objetos no animados (fetiches).
Generalmente son objetos que están íntimamente
relacionados con el cuerpo humano. Entre lo
objetos más comunes están, sostenes, medias,
zapatos, botas o cualquier prenda de vestir. El
individuo con este trastorno se masturba
frecuentemente mientras sostiene, acaricia o
huele el objeto fetiche; o bien puede pedir a su
compañero sexual que se lo ponga durante las
relaciones. Este trastorno es casi exclusivo de
los hombres.
Froteurismo
Se
caracteriza por el contacto o roce con una
persona en contra de su voluntad, donde el
sujeto frota su pene contra las nalgas u otra
parte del cuerpo femenino para conseguir un
orgasmo. Generalmente este comportamiento se
produce en lugares donde hay mucha gente y
resulta difícil escapar como por ejemplo, vehículos
de transporte público. Con frecuencia estos
sujetos son aislados, solitarios, y estas
situaciones sean su única fuente de placer
sexual.
Pedofilia
Implica
una necesidad sexual intensa y recurrente o bien
una excitación sexual hacia jóvenes de 13 años
o menos. El individuo que posee este trastorno
debe tener 16 años o más y ha de ser 5 años
mayor que la víctima. La mayoría de estos
contactos tiene que ver con caricias en los
genitales o sexo oral, sin incluirse la
penetración. El 95% de las personas que padecen
este trastorno son heterosexuales, y un 50% ha
consumido
grandes
cantidades de alcohol en el momento de cometer
este acto.
Masoquismo
sexual
Las
personas con esta parafilia presentan una
preocupación recurrente por fantasías y
necesidades sexuales que implican el acto de ser
humillados, golpeados, o ser sometidos a
cualquier actividad que les produzca
sufrimiento. En algunos casos los sujetos solo
experimentan placer sexual si son castigados y
golpeados. Los actos masoquistas que se pueden
realizar con una pareja suponen restricción de
movimiento, vendajes en los ojos, paliza,
latigazos, golpes, descargas eléctricas,
pinchazos y humillaciones. Esta alteración es más
común entre los hombres que entre las mujeres.
Sadismo
sexual
La
característica esencial de este trastorno se
relaciona con actos reales en los que el
sufrimiento físico o psicológico de las víctimas
es sexualmente excitante. Es el sufrimiento de
la víctima lo que produce la excitación
sexual. Los individuos pueden llevar a cabo sus
fantasías sexuales con una pareja que consiente
el sufrimiento y el sentir dolor (masoquista), o
con víctimas que no consienten. En los casos
donde la víctima no consiente la actividad, el
sujeto generalmente repite el sadismo sexual
hasta que es detenido. Las actividades que se
pueden involucrar son por ejemplo, inmovilizar a
la víctima, darle una paliza, golpearla,
azotarla, quemarla, violarla, torturarla, o
incluso matarla.
Voyeurismo
Consiste
en la preocupación recurrente por fantasías y
actos que implican el observar, ocultamente, a
personas por lo general desconocidas, cuando están
desnudas o en plena actividad sexual. Este acto
de mirar se realiza con el objetivo de conseguir
la excitación sexual y por lo general no se
busca ningún tipo de relación sexual con la
persona observada. Durante o después de este
acto, la persona suele masturbarse hasta el
orgasmo. Es más común que esta alteración
aparezca entre los hombres.
Fetichismo
transvestista
En
esta alteración la peculiaridad consiste en que
un hombre tiene fantasías y necesidades
sexuales de vestirse de mujer con el objeto de
excitarse sexualmente, y como complemento de la
masturbación o del coito. El transvestismo se
observa generalmente en hombres.
Tratamiento
La
terapia conductual muchas veces se utiliza para
romper con el patrón parafílico aprendido. Estímulos
nocivos como por ejemplo, malos olores se
aparean con el impulso, el cual disminuye. Los
estímulos pueden ser administrados por los
pacientes cada vez que sienten que van siguiendo
al impulso.
C)
Trastorno de la identidad sexual
Se
caracteriza por la identificación persistente e
intensa con el otro sexo, lo cual constituye el
deseo de ser o insistencia en que es del otro
sexo. El sujeto siente malestar persistente con
su propio sexo o sentido de inadecuación en el
papel de su sexo.
En
los niños, el identificarse con el otro sexo se
manifiesta en la atracción fuerte hacia los
pasatiempos típicos de las niñas, como por
ejemplo jugar a la mamá y papá, dibujar
princesas o ver videos de ídolos femeninos. Se
evitan los juegos violentos y deportes
competitivos. En el caso de las niñas sucede a
la inversa.
Los
adultos con trastorno de la identidad desean
vivir como sujetos del otro sexo, sintiéndose
incómodos en su propio rol social. Generalmente
se busca cambiar el aspecto físico mediante
tratamientos hormonales o quirúrgicos.
El
tratamiento de los trastornos de identidad
sexual es complejo y muchas veces
insatisfactorio. Generalmente las personas que
concurren a tratamiento lo hacen por
sentimientos de ansiedad
o depresión que
atribuyen a la circunstancia.
Otras
veces concurren a terapia con el fin de
enfrentarse con su trastorno y no para alterar
su condición. Para ello el terapeuta fija los
objetivos con el paciente para ayudarlo a que se
sienta cómodo con el sexo que él desea tener.
El objetivo nunca consistirá en crear una
persona con identidad sexual más convencional.
Dentro
de la terapia también se explora la cirugía de
reasignación y las indicaciones y
contraindicaciones de estos tratamientos, que
con frecuencia, se emprenden de forma impulsiva
o bajo condiciones psicopatológicas
desfavorables. |