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Los
estudios epidemiológicos recientes han hallado que
las fobias son el trastorno mental más común en los
Estados Unidos. Se estima que de un 5% a un 10% de la
población sufre estos trastornos tan perturbadores y
desagradables. Las estimaciones menos conservadoras se
elevan hasta el 25% de la población. El malestar
asociado a las fobias, en especial cuando no están
reconocidas como trastornos mentales, pueden llevar a
complicaciones psiquiátricas posteriores, incluyendo
otros trastornos de ansiedad, un trastorno depresivo
mayor y trastornos relacionados con sustancias, en
especial con el alcohol. El que no se reconozcan las
fobias es un hecho particularmente desafortunado, ya
que investigaciones recientes han hallado que estos
trastornos suelen responder bien al tratamiento con
psicoterapias de orientación cognitivo-conductual, y
al tratamiento con fármacos especiales, incluyendo
los tricíclicos, los IMAO y los antagonistas del
receptor fladrenérgico.
Una fobia es
un miedo irracional que provoca una evitación
consciente del objeto, actividad o situación temida.
Tanto la presencia como la anticipación de la entidad
fóbica produce un malestar intenso en la persona
afectada, que reconoce que esta reacción es excesiva.
En cualquier caso, la reacción fóbica provoca una
interrupción en el funcionamiento cotidiano normal de
un sujeto.
Además de la agorafobia. la cuarta edición del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-IV)
contiene otros dos tipos de fobias: la fobia específica
y la fobia social. La fobia específica se llamó
fobia simple en la tercera edición revisada del DSM
(DSM-III-R). La fobia social, también conocida como
trastorno por ansiedad social, se caracteriza por un
miedo excesivo a la "humillación" en
diferentes situaciones sociales, como hablar en público,
orinar en lavabos públicos y acudir a una cita. Un
tipo generalizado de fobia social suele ser una
patología crónica y altamente perturbadora, que se
caracteriza por la evitación fóbica de la mayoría
de las situaciones sociales. Este tipo de fobia social
puede ser difícil de distinguir del trastorno de la
personalidad por evitación.
Fobia
específica
La fobia específica es más frecuente que la fobia
social. Es el trastorno mental más común entre las
mujeres y el segundo más común entre los hombres.
por detrás sólo de los trastornos relacionados con
sustancias. La prevalencia a los seis meses gira
alrededor del 5%-10%. La proporción mujer-hombre es
de 2 a 1, aunque esta proporción pasa a ser de 1 a 1
cuando se trata de fobia a la
sangre-inyecciones-heridas. La edad de inicio más
frecuente para las fobias de tipo natural-ambiental, y
la fobia a la sangre-inyecciones-heridas oscila entre
los 5 y los 9 años, aunque pueden empezar en edades
superiores. Por el contrario, la edad de inicio más
frecuente para las fobias de tipo situacional (excepto
el miedo a las alturas) es mayor, a mediados de los
20, que es una edad de inicio más cercana a la de la
agorafobia. Los objetos y situaciones temidas en las
fobias específicas (enumeradas en orden descendente
según la frecuencia de aparición) son animales,
tormentas, alturas, enfermedades, heridas y muerte.
Fobia
social
La prevalencia a los seis meses para la fobia social
oscila entre el 2% y el 3% de la población general.
En estudios epidemiológicos. las mujeres se ven más
afectadas que los hombres, pero en las muestras clínicas,
ocurre al revés. Se desconocen las razones para esta
variación. La edad de inicio más frecuente para la
fobia social es la adolescencia, aunque el inicio
también es frecuente a edades tan tempranas como los
5 años y tan avanzadas como a los 35.
ETIOLOGÍA
Tanto
la fobia específica como la social pueden
subtipificarse, y es posible que las causas de cada
tipo de fobia sean muy diferentes. Incluso dentro del
mismo grupo, como ocurre con todos los trastornos
mentales, existe una gran heterogeneidad causal. La
patogenia de las fobias, una vez que se conoce, puede
proporcionar un modelo claro de interacciones entre
factores biológicos y genéticos por un lado, y
factores ambientales por otro. En fobias específicas
como la fobia a la sangre-inyecciones-heridas, las
personas afectadas pueden haber heredado un reflejo
vasovagal particularmente potente, que se acaba
asociando a emociones fóbicas.
Principios
generales
Factores conductuales.
En
1920 lohn B. Watson escribió un artículo llamado
Reacciones Emocionales Condicionadas, en el cual
recopilaba sus experiencias con el pequeño Albert, un
niño con miedo a las ratas y a los conejos. A
diferencia del pequeño Hans de Sigmund Freud, que
presentaba síntomas fóbicos en el curso natural de
su maduración, las dificultades del pequeño Albert
eran el resultado directo de experimentos científicos
de dos psicólogos. que utilizaron técnicas que habían
inducido respuestas condicionadas en animales de
laboratorio.
La formulación de Watson se basaba en el modelo
pavloviano tradicional del reflejo condicionado estímulo-respuesta.
Es decir, que la ansiedad se incrementa gracias a un
estímulo amenazante que aparece en contigüidad con
un segundo estimulo neutral. Como resultado de la
contigüidad, en especial cuando los dos estímulos
están apareados en sucesivas ocasiones, el estímulo
que era originalmente neutro adquiere la capacidad de
incrementar la ansiedad por sí solo. Por tanto, el
estímulo neutro se transforma en un estímulo
condicionado para producir ansiedad.
En la teoría clásica del estimulo-respuesta, el estímulo
condicionado pierde lentamente su potencia para
provocar ansiedad, si no se refuerza con la repetición
periódica del estimulo incondicionado. En el síntoma
fóbico, la atenuación de la respuesta al estímulo fóbico
-o sea, al condicionado no se da; el síntoma puede
durar años sin que aparentemente exista refuerzo
externo. La teoría del condicionamiento operante
proporciona un modelo para explicar este fenómeno. En
esta teoría, la ansiedad es un impulso que motiva al
organismo a actuar para evitar la emoción
desagradable. En el curso de su conducta aleatoria, el
organismo aprende que ciertas acciones son capaces de
evitar los estímulos que provocan ansiedad. Estos
patrones de evitación se mantienen estables durante
largos períodos de tiempo, como resultado del
refuerzo que reciben de su capacidad para disminuir la
actividad. Este modelo es aplicable a las fobias, en
las que la evitación de los objetos o situaciones que
provocan ansiedad desempeña un papel central. Tal
conducta de evitación queda fijada como un síntoma
estable debido a su efectividad en proteger a la
persona de la ansiedad fóbica.
La teoría del aprendizaje tiene particular relevancia
en el tema de las fobias y proporciona explicaciones
simples e inteligible s para muchos aspectos de los síntomas
fóbicos. No obstante, los detractores de este modelo
afirman que trata con mecanismos superficiales de la
formación de síntomas, y es menos útil que las teorías
psicoanalíticas para proporcionar un entendimiento de
algunos de los complejos procesos psíquicos
implicados.
Factores
psicoanalíticos.
Sigmund
Freud presentó una formulación de la neurosis fóbica
que se ha mantenido como la explicación analítica de
la fobia específica y la fobia social. Freud afirmó
que la ansiedad es una señal del Yo que se pone en
marcha cuando algún impulso inconsciente prohibido
está luchando por expresarse conscientemente, lo cual
lleva al Yo a utilizar sus defensas contra la fuerza
instintiva amenazante. Freud veía la fobia histeria
de ansiedad, como se llamó después como la
consecuencia de conflictos centrados en situaciones edípicas
no resueltas durante la infancia. Como el impulso
sexual continúa teniendo una marcada connotación
incestuosa en el adulto, la activación sexual tiende
a transformarse en ansiedad que, de forma característica,
es un miedo a la castración. Cuando la represión
falla, el Yo debe recurrir a otras defensas
auxiliares. En los pacientes fóbicos, la defensa
principal es el desplazamiento; es decir, el conflicto
sexual se desplaza de la persona que lo evoca a un
objeto o situación irrelevante y aparentemente sin
importancia, que más tarde tendrá el poder de
provocar una constelación de afectos, incluyendo señales
de ansiedad. El objeto o situación fóbica puede ser
una conexión asociativa directa con la principal
fuente de conflicto y, por tanto, la simboliza
(simbolización como mecanismo de defensa). Además,
la situación o el objeto suele ser tal que el sujeto
puede evitarlos; mediante el mecanismo de defensa la
evitación, la persona escapa de sufrir niveles
elevados de ansiedad. Freud explicó primero la
formulación teórica del desarrollo de una fobia en
su famoso caso del pequeño Ham, un niño de 5 años
que tenía miedo a los caballos.
Aunque los teóricos originalmente pensaban que las
fobias eran el resultado de la ansiedad de castración,
los teóricos más recientes han sugerido que pueden
estar implicados otros tipos de ansiedad. En la
agorafobia, por ejemplo, la ansiedad de separación
desempeñaría un papel clave, y en la eritrofobia (un
miedo al rojo que puede manifestarse como miedo a
ruborizarse), el elemento de vergüenza implica
ansiedad del Superyó. Las observaciones clínicas
llevaron a pensar que las ansiedades asociadas a las
fobias podían tener gran cantidad de orígenes y
matices.
Las fobias ilustran la interacción entre la diátesis
genético-constitucional y los factores estresantes
ambientales. Los estudios longitudinales sugieren que
ciertos niños están constitucionalmente
predispuestos a las fobias debido a que han nacido con
un temperamento específico conocido como inhibición
conductual a lo desconocido. No obstante, algunos
factores estresantes ambientales crónicos pueden
actuar sobre esta disposición temperamental creando
una fobia auténtica. Estos factores estresantes, como
la muerte de un progenitor, la separación de éstos,
la crítica o la humillación por parte de un hermano
mayor y la violencia en el seno familiar, pueden
activar la diátesis latente en el interior del niño,
con lo cual el niño empieza a experimentar síntomas.
ACTITUD
CONTRAFÓBICA.
Otto
Fenichell lamó la atención sobre el hecho de que la
ansiedad fóbica puede ocultar actitudes y patrones
conductuales que representan una negación, tanto de
que el objeto o situación temidos son peligrosos,
como de que se siente miedo ante ellos. Es fundamental
en este fenómeno un cambio completo de la situación,
en la cual se pasa de ser la víctima de
circunstancias externas, a ocupar una posición en la
que uno se enfrenta de forma activa a aquello que le
atemoriza. La persona contrafóbica busca situaciones
de peligro y se enfrenta a ellas de una forma
entusiasta. Los devotos de deportes potencialmente
peligrosos como saltar en paracaídas y escalar,
pueden estar exhibiendo una conducta contrafóbica.
Estos patrones pueden ser secundarios a la ansiedad fóbica
o puede utilizarse como una forma normal de
enfrentarse a una situación realmente peligrosa. El
juego de los niños puede contener elementos contrafóbicos,
como cuando juega a médicos y pincha a su muñeca de
la misma forma en que el médico le pinchó a él por
la mañana. Esta forma de conducta puede implicar el
mecanismo de defensa de identificación con el
agresor.
Fobia
específica
El desarrollo de una fobia específica puede ser el
resultado de aparear un objeto o situación específicos
con emociones de miedo y pánico. Se han propuesto
diferentes mecanismos de apareamiento. En general, una
tendencia inespecífica a experimentar miedo o
ansiedad forma parte del sustrato; cuando un suceso
concreto (conducir. por ejemplo), se aparea con una
experiencia emocional (como un accidente), la persona
se vuelve susceptible a realizar esta asociación
emocional permanente entre el conducir y el miedo o la
ansiedad. La experiencia emocional en sí misma puede
responder a un incidente externo como un accidente de
tráfico, o a uno interno, normalmente una crisis de
angustia. Aunque una persona puede no haber
experimentado más crisis y puede no cumplir los
criterios diagnósticos para el trastorno por crisis
de angustia, esta persona puede presentar un miedo
generalizado a conducir, y no un miedo claro a
experimentar una crisis mientras conduce. Otro
mecanismo de asociación entre el objeto fóbico y las
emociones fóbicas es el modelamiento, en el cual una
persona observa una reacción en otra (p. ej., un
progenitor), y la transferencia de información, en la
cual una persona es avisada sobre los peligros de
objetos específicos (p. ej., las serpientes).
Factores genéticos.
La
fobia específica tiende a darse en la misma familia.
Las fobias a la sangre-inyecciones-heridas presentan
una prevalencia familiar particularmente alta. Los
estudios han observado que dos tercios-tres cuartos de
los sujetos afectados tienen por lo menos un familiar
de primer grado con una fobia específica del mismo
tipo. Sin embargo, no se han llevado a cabo estudios
con gemelos y con adoptados necesarios para determinar
con exactitud la contribución de los factores no genéticos
en la transmisión de una fobia específica.
Fobia
social
Algunos estudios han descrito la posible presencia de
un rasgo en algunos niños, que se caracteriza por un
patrón constante de inhibición conductual. El rasgo
puede ser especialmente frecuente en niños cuyos
padres están afectados por un trastorno por crisis de
angustia, y que pueden desarrollar una timidez muy
grave a medida que van creciendo. Por lo menos algunas
personas con fobia social han exhibido una inhibición
conductual importante durante la infancia. Quizás estén
asociados a este rasgo, que se cree que está biológicamente
determinado, los datos psicológicos que indican que
los padres de personas con una fobia social eran, como
grupo, menos cariñosos, más críticos y más
sobreprotectores que otros padres. Algunas
investigaciones se han referido al espectro de la
dominancia a la sumisión que se observa en el reino
animal. Por ejemplo, las personas dominantes tienden a
caminar con sus mentones alzados y a mantener contacto
visual, mientras que las sumisas tenderían a caminar
con sus mentones bajados y evitarían el contacto
visual.
Factores neuroquímicos.
El
éxito de la farmacoterapia en el tratamiento de la
fobia social ha generado dos hipótesis neuroquímicas
específicas que hacen referencia a dos tipos de fobia
social. En concreto, el uso de antagonistas b-adrenérgicos
por ejemplo, propanolol en las fobias de ejecución o
rendimiento (como hablar en público) ha contribuido
al desarrollo de una teoría adrenérgica para estas
fobias. Los pacientes con fobias de ejecución pueden
liberar más adrenalina tanto a nivel central como
periférico, que las personas no fóbicas, o estos
pacientes pueden ser más sensibles a los niveles
normales de estimulación adrenérgica. La observación
de que los IMAO pueden ser más efectivos que los tricíclicos
en el tratamiento de la fobia social generalizada, en
combinación con los datos preclínicos, ha llevado a
los investigadores a formular la hipótesis de que la
actividad dopaminérgica está relacionada con la
patogenia del trastorno.
Factores genéticos.
Los
parientes de primer grado de las personas con fobia
social, tienen probabilidad tres veces mayor de sufrir
también una fobia social que los familiares de primer
grado de personas sin ningún trastorno mental. Y
algunos datos preliminares indican que los gemelos
monocigóticos son más concordantes que los dicigóticos,
aunque en la fobia social es de particular importancia
el estudiar gemelos criados por separado, para ayudar
a controlar los factores ambientales. |