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Los
sentimientos de tristeza y abatimiento son viejos
compañeros de la raza humana. Muchos autores
coinciden en que las formas más leves de la
depresión están relacionados con funciones
filogenéticas adaptativas como por ejemplo, recabar
la atención y el cuidado de los demás, constituir un
modo de comunicación de situaciones de pérdida o
separación, o ser un modo de conservar la
"energía" para poder hacer frente a
ulteriores procesos de adaptación.
Sin embargo,
bien por su duración, por su frecuencia, o por su
intensidad, estos sentimientos pueden interferir con
la capacidad adaptativa de quien los sufre. Resulta
entonces difícil para los profesionales de la salud
diferenciar los sentimientos de tristeza que cualquier
persona padece cuando atraviesa por un suceso
negativo, de aquel sufrimiento de las personas que
acuden a un profesional para que los liberen de este
padecer.
Esta cuestión
ha resultado bastante discutida y los autores han
tomado dos posturas contrapuestas. Por un lado,
algunos postulan que la diferencia radica en la
intensidad de los síntomas, mientras otros se
inclinan por un salto cualitativo. Es decir, que a
diferencia de los estados normales de tristeza la
depresión impregnaría todos los aspectos del
funcionamiento de la persona.
La depresión
es un síntoma muy común, casi 19 millones de adultos
sufren anualmente de depresión en los Estados Unidos.
Aparece con mayor frecuencia en mujeres, entre el 10 y
15%. Para los varones el riesgo es entre el 5 y el
12%.
Puede surgir a
cualquier edad, aunque el promedio de inicio es la
tercera década de la vida. En el 50% de los pacientes
los síntomas comienzan entre los 20 y los 50 años.
También puede iniciarse en la infancia o la vejez,
aunque es poco frecuente. Las investigaciones han
demostrado que en general se observa en personas que
no tienen relaciones interpersonales íntimas, o que
están separadas o divorciadas.
Sentirse
deprimido no es un síntoma suficiente para
diagnosticar depresión. El sentirse triste puede ser
una reacción normal frente a algún acontecimiento
negativo, tal como fue explicado con anterioridad; y
también puede aparecer en diferentes cuadros
psicopatológicos denominados Trastornos del Estado de
Ánimo. Sin embargo, "estar deprimido", como
se lo entiende popularmente, se denomina:
|
Trastorno
depresivo mayor |
Los Trastornos
del Estado de Ánimo tienen como característica
principal la alteración del humor, el estado
emocional interno de una persona, cambios en el nivel
de actividad, funciones cognitivas, lenguaje y
funciones vegetativas (por ejemplo el Trastorno
Depresivo Mayor produce trastornos en el sueño como
insomnio o hipersomnia).
Varias
investigaciones han demostrado que los sucesos
estresantes anteceden a los primeros episodios de los
Trastornos del Estado de Ánimo. Esto quiere decir que
es muy probable que ciertos acontecimientos que son lo
suficientemente intensos desencadenen los primeros síntomas.
Por otro lado, se ha postulado que estos factores
estresantes producen cambios a largo plazo en la
biología del cerebro.
La Asociación
Psiquiátrica Americana ha realizado una clasificación
de estos trastornos y ésta es la más usada entre los
profesionales de la salud mental. En el Manual Diagnóstico
y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM IV),
aparecen los siguientes:
Los síntomas
de la depresión incluyen un estado de ánimo
deprimido la mayor parte del día, pérdida de placer
o interés en casi todas las actividades. Pérdida o
aumento importante de peso o de apetito, insomnio o
exceso deseo de dormir, lentitud o agitación físico,
fatiga, sentimientos de inutilidad o culpa excesivos,
dificultad para concentrarse y pensamientos
recurrentes de suicidio o muerte.
Si una persona
posee cinco o más de estos síntomas, y éstos le
perjudican su vida diaria durante dos semanas,
entonces esa persona tendría un diagnóstico de Episodio
Depresivo Mayor.
Si éstos
persisten durante más de dos meses será
diagnosticada con Trastorno Depresivo Mayor, episodio
único. Pero si los episodios se repiten, es
decir, si padece de dos o más de dos o episodios
depresivos mayores, entonces se trata de un Trastorno
Depresivo Mayor Recidivante.
No existe una
concepción unificada al respecto. Existen diferentes
enfoques que explican las causas de la depresión,
cada uno enfatiza un aspecto, pero las teorías más
útiles parecen ser las que incluyen distintas
variables. De esta manera, para explicar el proceso
causal de la depresión se deben tener en cuenta
diversos factores:
Ciertas
personas por poseer características especificas
(bioquímicas, genéticas, de personalidad) son más
vulnerables que otras a desarrollar un episodio
depresivo ante la aparición de un factor estresante.
Por ejemplo,
diferentes teóricos psicodinámicos como Bowlby,
Blatt, Arietti y Bemporad postulan que los individuos
con un tipo de depresión que ellos denominan
"Anaclítica", "Dominada por el
Otro" o "Dependiente", están
fundamentalmente preocupados por las relaciones
interpersonales, mostrando una excesiva dependencia de
ellas. Los síntomas que presentan estas personas se
caracterizan por tener sentimientos de soledad,
indefensión, abandono, pérdida y falta de amor. Por
otro lado, quienes padecen de una depresión llamada
"Introyectiva", "Dominada por las
metas" o "Autocrítica" están
principalmente preocupados por cuestiones de logro,
autodefinición, autovalía, sienten culpa, se
autocritican excesivamente y tienen sentimientos de
inutilidad y fracaso.
Otros estudios
han demostrado que la depresión se encuentra
estrechamente relacionada con una alteración en la
regulación de la noradrenalina y la serotonina y
posiblemente también de la acetilcolina y de las
endorfinas como consecuencia de la exposición de la
persona a ciertos factores estresantes. De esta manera
comenzaría un círculo vicioso.
Otras
variables, como por ejemplo los esquemas (paquete de
información, abstracción fruto de las experiencias
previas), y los estilos de personalidad, explican cómo
las personas interpretan la realidad y responden
emocionalmente ante la aparición de un factor
estresante. Esta manera de ver las cosas tiene su
origen en el contexto de las experiencias infantiles
tempranas con las personas significativas, las que
influyen en la manera de interpretar la realidad, de
reaccionar emocionalmente y en sus conductas y
competencias.
Por ejemplo,
las pérdidas en la infancia serían un factor de
vulnerabilidad que en la edad adulta podrían conducir
a una depresión, en la medida en que estas pérdidas
han hecho que la autoestima del individuo dependa
excesivamente de la aprobación y afecto de los demás.
De esta manera son incapaces de superar la frustración
cuando por cualquier circunstancia son rechazados o
abandonados. Por ejemplo, cuando una persona depresiva
es criticada por su pareja, generalmente lo percibe
como una falta de amor más que como un comentario.
Por lo tanto,
los acontecimientos estresantes son consecuencia de cómo
las personas conducen su vida, antes y durante la
depresión.
Esto hace
referencia a las habilidades sociales y a la manera en
que la persona afronta y resuelve sus problemas. Esta
forma de manejarse frente a situaciones negativas o
traumáticas, fue aprendida y adquirida a lo largo de
su vida, es de fundamental importancia, dado que
generalmente las personas deprimidas manifiestan
cierta distorsión en sus interpretaciones. Muchas
veces éstas sí son correctas, ya que realmente se
encuentran frente a situaciones estresantes, pero
fallan en la forma en que deciden resolverlas. Por
ejemplo, los individuos que no tienen esperanzas de
poder controlar la situación que atraviesan son más
proclives a contraer depresión, en contraposición a
los que poseen un estilo de afrontamiento más activo
como: "Voy a ser capaz de lograrlo".
Una vez que las
personas se encuentran deprimidas, este estado de ánimo
sesga el resto de sus cogniciones (percepción,
memoria, atención, atribución), facilitando de esta
manera el mantenimiento de la misma por medio de círculos
viciosos reforzantes.
Por ejemplo, al
principio la persona deprimida demandará apoyo de sus
seres queridos, pero esta demanda persistente llegará
gradualmente a ser aversiva para ellos, quienes
terminarán por apartarse y dejarla sola, confirmando
de esta manera su valoración negativa sobre sí misma
y reforzando el círculo vicioso.
Un último
aspecto a tener en cuenta son los factores neuroquímicos,
especialmente en aquellas depresiones endógenas o
biológicas. Las causas se atribuyen a la modificación
de las pautas de la neurotrasmisión entre los
hemisferios cerebrales y el sistema límbico como
resultado de la interacción de múltiples variables
(factores constitucionales, evolutivos,
interpersonales, ambientales).
Terapia
cognitiva
El objetivo
principal es aliviar los síntomas y cambiar el estilo
de interpretación del mundo del paciente a través de
tareas que el terapeuta le propone. Este tipo de
tratamiento se basa sobre el supuesto de que el
pensamiento lógico asegura la mejor forma de
enfrentarse a los problemas, cambiando las creencias y
los pensamientos que llevan a la persona a la depresión.
El terapeuta ayuda al paciente a que éste cambie sus
actitudes negativas sobre sí mismo, el mundo y el
futuro.
La duración
del tratamiento es corta y se obtienen cambios rápidos.
Puede combinarse con la utilización de
antidepresivos. También se trata de incluir al cónyuge
en el tratamiento como observador e informador
objetivo.
Aaron
Beck, quien creó la terapia cognitiva de la
depresión, sostiene que las disfunciones cognitivas
son el núcleo del trastorno y que los cambios
afectivos y físicos son la consecuencia. Este
abordaje cognitivo-conductual tiene gran éxito para
el tratamiento de la depresión.
La tríada de
la depresión consiste en:
-
Autopercepción negativa.
El individuo se ve desgraciado, torpe, enfermo,
con poca valía. Tiende a atribuir sus
experiencias desagradables a un defecto propio, de
tipo psíquico, moral o físico. Debido a este
modo de ver las cosas cree que a causa de estos
defectos, es un inútil, carece de valor. Tiende a
subestimarse, a criticarse a sí mismo en base a
sus defectos. Por último, piensa que carece de
los atributos que considera esenciales para lograr
la felicidad y alegría. (Ej. "No sé hacer
nada bueno", "Siempre fui y siempre seré
un cobarde").
-
Tendencia a interpretar
sus experiencias de manera negativa. Le parece que
el mundo le demanda demasiadas exigencias y le
pone demasiados obstáculos en el camino que le
impiden alcanzar sus objetivos. Interpreta todas
sus interacciones con el entorno en términos de
frustración o derrota. (Ej. "Debo ser mal
padre, porque si no mis hijos tendrían más
disciplina).
-
Visión negativa acerca
del futuro, expectativa de continuas dificultades,
sufrimientos y fracasos. Cuando la persona
depresiva hace proyectos de gran alcance, está
anticipando que sus dificultades o sufrimientos
actuales continuarán indefinidamente. Espera
penas, frustraciones y privaciones interminables.
Cuando piensa hacerse cargo de una determinada
tarea en el futuro inmediato, inevitablemente sus
expectativas son de fracaso (por ejemplo,
"Podría tener un ataque al corazón si voy
al supermercado").
Terapia
interpersonal
Su objetivo es
el alivio sintomático a través de la resolución de
los problemas interpersonales actuales del paciente,
reduciendo así el estrés en la familia o el trabajo
y mejorando las habilidades de comunicación
interpersonal. Se trabaja con el paciente proporcionándole
información sobre su enfermedad y se lo entrena en
habilidades sociales.
Puede
combinarse con la utilización de antidepresivos.
Se analiza el
papel del cónyuge en la predisposición del paciente
a la enfermedad y los efectos de ésta sobre la relación
matrimonial.
Terapia
Psicodinámica
Su objetivo es
promover un cambio de personalidad a través del
entendimiento de los conflictos pasados de la infancia
no resueltos. Se centra en la capacidad reflexiva del
paciente y su inclinación hacia lo psicológico. Trata
de descubrir el origen del conflicto intrapsíquico a
través de los relatos del paciente. Intenta
reforzar las capacidades adaptativas del paciente, va
más allá de la mejoría sintomática. El tratamiento
es de larga duración.
Terapia electro
convulsiva (TEC)
Es un
tratamiento eficaz para pacientes con síntomas
graves, sólo para pacientes que no responden a la
psicoterapia y a la medicación o no la toleran.
Muchas personas sienten temor hacia la terapia electro
convulsiva y esto se debe a los prejuicios alimentados
por la difusión de información errónea en informes
inexactos de la prensa sensacionalista. Los pacientes
deben someterse a un examen físico y neurológico
previo. No pueden ingerir nada por vía oral seis
horas antes del tratamiento. Antes de ser estimulado
eléctricamente se administran anestésicos generales.
Las tres
indicaciones fundamentales de la TEC son los
Trastornos Depresivos Mayores, los Episodios Maníacos,
y en algunos casos la Esquizofrenia. Los pacientes
ancianos suelen responder más despacio a la TEC que
los pacientes jóvenes.
Terapia lumínica
Este
tratamiento es especialmente indicado para aquellas
personas que no han respondido a la medicación y que
se caracterizan por presentar los síntomas de la
depresión en otoño e invierno. Este tipo de
depresiones suelen desaparecer en primavera, y
aparecen con más frecuencia en las mujeres (89% de
los casos).
El tratamiento,
también llamado fototerapia, requiere la exposición
a luz intensa (200 veces más intensa que la luz
normal dentro de las casas). Generalmente se indica
una hora diaria de exposición durante la mañana. El
paciente recibe instrucciones de no mirar fijamente a
la luz, sino realizar ojeadas ocasionales.
Las
alteraciones, como la exposición a la luz, modifican
los ritmos del organismo. Es por eso que la exposición
a la luz artificial por la mañana adelanta la fase de
los ritmos biológicos y sirve como tratamiento contra
el retraso de los ritmos circadianos asociados a los
Trastornos Depresivos Mayores.
Privación del
sueño
Las
investigaciones demuestran que la privación del sueño
durante una noche disminuye enormemente los síntomas
depresivos en aproximadamente un 60% de todos los
pacientes con depresión. Desgraciadamente los efectos
duran sólo un día, los síntomas reaparecen cuando
el paciente duerme una breve siesta después de una
noche sin dormir. Sin embargo, este tratamiento
resulta ventajoso si se lo combina con otro tipo de
tratamientos, como por ejemplo la utilización de
antidepresivos, y si se prescribe al paciente
acostarse antes y levantarse antes (adelanto de la
fase del sueño).
Farmacoterapia
Una educación
adecuada del paciente en lo que refiere al uso de
antidepresivos es fundamental para garantizar el éxito
terapéutico y para elegir el fármaco y la dósis más
adecuada. Cuando se le ofrece esta posibilidad el médico
deberá explicarle que no se convertirá en un adicto
a los fármacos y también deberá decirle que tardará
entre tres o cuatros semanas en notar los efectos
positivos de los antidepresivos. Los antidepresivos más
utilizados son los Tricíclicos o los Tetracíclicos.
También se utilizan los IMAO (Inhibidores de la
Monoaminoxidasa) y los ISRS (Inhibidores Selectivos de
la Recapatación de Serotonina). Los IMAO no se eligen
en primer lugar porque produce crisis hipertensivas
cuando el paciente que toma estos fármacos ingiere
ciertos alimentos con altas cantidades de tiramina.
Por lo tanto su prescripcion obligatoria a la persona
a mantener cierta dieta alimentaria.
Este
tratamiento se recomienda cuando:
-
Existen síntomas
vegetativos importantes (por ej. pérdida
significativa de peso, hiperactividad o retardo
psicomotor, despertares precoces).
-
Delirios
autodespreciativos o alucinaciones auditivas.
-
Actos o planes suicidas.
-
Crisis de angustias o
fobias, delirios somáticos.
-
Existencia de otros
trastornos mentales como esquizofrenia,
dependencia del alcohol, anorexia nerviosa.
-
Existencia de trastornos
de personalidad.
Es un estado de
ánimo depresivo de larga duración (al menos dos años
continuados) acompañado de otros síntomas del
episodio depresivo mayor.
Debe presentar
dos o más de los siguientes:
-
Pérdida o aumento del
apetito,
-
insomnio o hipersomnia,
-
falta de energía o
fatiga,
-
baja autoestima,
-
dificultades para
concentrarse o tomar decisiones,
-
sentimientos de
desesperanza.
Estos síntomas
se van convirtiendo poco a poco en una parte de la
experiencia cotidiana (por ej. "Yo siempre he
sido así, ésta es mi forma de ser"). Es por
este motivo que es difícil su diagnóstico.
Aproximadamente
el 6% de la población sufre de distimia. Las mujeres
son dos o tres veces más propensas a padecerla. Puede
comenzar en la niñez, adolescencia o adultez.
Sin embargo es
un trastorno que aparece con más frecuencia en
personas de mayor edad, y se observa un riesgo prácticamente
doble en solteros que en casados, especialmente en el
grupo de adultos (45-65 años). Por último, es casi
dos veces más común que aparezca en ámbitos urbanos
que rurales.
Los
trastornos del estado de ánimo, sobretodo la Distimia
y el Trastorno
Depresivo Mayor
se presentan con frecuencia conjuntamente con los
Trastornos de Ansiedad. De hecho, Katon y Roy-Byrne
han hecho estudios comunitarios y llegaron a la
conclusión de que existe un subgrupo poblacional que
presenta síntomas de ansiedad y de depresión que
presentan un alto grado de malestar y de sufrimiento.
Sin embargo estas personas no cumplen los criterios
para un Trastorno de Ansiedad o un Trastorno del
Estado de Ánimo, por lo que últimamente muchos
autores (Clark y Watson) han sugerido una nueva
categoría diagnóstica: Trastorno Mixto de
ansiedad-depresión.
Para estos
autores existen tres componentes específicos de cada
trastorno:
El afecto
negativo o distress afectivo es común en la
ansiedad y en la depresión. Se caracteriza por
sensaciones emocionales aversivas como: nerviosismo,
miedo, disgusto, culpa e ira. Es lo contrario a un
estado de calma y serenidad.
La hiperactivación
fisiológica es especifico de la ansiedad.
El bajo
afecto positivo o la anhedonia. Se caracteriza por
la apatía, la pérdida de interés y del entusiasmo.
Predominan la tristeza y el letargo.
-
bajo afecto positivo
-
tristeza
-
anhedonia
-
pérdida de interés
-
apatía
-
tendencias suicidas
-
baja activación simpática
-
pérdida del apetito
-
inhibición psicomotora
-
sentimientos de inutilidad
-
percepción de pérdida
-
Desesperanza
-
Alto afecto negativo
-
irritabilidad
-
preocupación
-
baja concentración
-
insomnio
-
fatiga
-
agitación motora
-
llanto
-
sentimientos de
inferioridad
-
culpa
-
baja autoestima
-
Indefensión
-
Hiperactivación fisiológica
-
miedo
-
pánico
-
nerviosismo
-
inestabilidad
-
alta activación simpática
-
tensión muscular
-
hipervigilancia
-
percepción de
amenaza/peligro
-
Incertidumbre
Se caracteriza
por uno o más episodios maníacos, habitualmente
acompañados por episodios depresivos mayores.
Es decir, el episodio
maníaco se caracteriza por la presencia de tres o
más de los siguientes síntomas durante
aproximadamente una semana:
-
autoestima exagerada o
grandiosidad,
-
disminución de la
necesidad de dormir,
-
más hablador de lo
habitual o verborreico,
-
fuga de ideas o
experiencia subjetiva de que el pensamiento está
acelerado,
-
distraibilidad,
-
aumento de la actividad
intencionada o agitación psicomotora,
-
implicación excesiva en
actividades placenteras que tienen un alto
potencial para producir consecuencias graves.
El episodio
depresivo mayor hace referencia a los siguientes síntomas
que persisten durante más de dos semanas:
-
pérdida de placer o interés
en casi todas las actividades.
-
pérdida o aumento
importante de peso o de apetito,
-
insomnio o exceso deseo de
dormir,
-
lentitud o agitación física,
-
fatiga,
-
sentimientos de inutilidad
o culpa excesivos,
-
dificultad para
concentrarse y
-
pensamientos recurrentes
de suicidio o muerte.
Esta alteración
es lo suficientemente grave como para provocar
deterioro laboral o actividades sociales habituales, o
necesita hospitalización con el fin de prevenir los
daños a uno mismo o a los demás.
Aproximadamente
un 0,4-1,6% de la población padece este trastorno. El
inicio puede darse a cualquier edad, pero lo más
frecuente es que sea entre los 20 y 25 años. Un
porcentaje del 10-15% de las personas que tienen un
Trastorno Bipolar llegan a suicidarse.
Varios estudios
de muestran que se presentan cuatro episodios por cada
diez años, si la persona no es tratada con litio.
Además el intervalo entre los episodios tiende a
disminuir a medida que aumenta la edad. Aunque la
mayoría de las personas vuelven a la normalidad luego
de los episodios, algunos, el 20-30% siguen mostrando
labilidad afectiva y dificultades interpersonales o
laborales. Los episodios pueden durar días o semanas,
incluso pueden persistir varios meses.
No existen
demasiadas teorías psicológicas explicativas sobre
los trastornos bipolares porque los factores genéticos
y biológicos juegan un papel preponderante y además
porque suponen solamente un 10% del total de los
trastornos del estado de ánimo.
Causas
Las distintas
escuelas psicoanalíticas han explicado la manía como
un mecanismo de defensa. Pero fuera del ámbito
psicoanalítico A. Beck extendió su
teoría de la depresión (Beck, 1976; Leahy
y Beck, 1988).
En la manía
los factores genéticos y biológicos están más
implicados en su causalidad que los factores
psicosociales. Estos pacientes poseen actitudes
disfuncionales rígidas, pero a diferencia de la
depresión, exageran los factores positivos.
Algunos
ejemplos son:
Si
hay alguna posibilidad de éxito debería aceptar el
riesgo porque ganaré.
También A.
Beck supone la existencia de un procesamiento
distorsionado de la información. Así prestan más
atención y recuerdan de forma más selectiva únicamente
las experiencias positivas o sobregeneralizan su éxito
profesional. Como consecuencia aparecen los
pensamientos automáticos optimistas. El paciente maníaco
se ve a sí mismo como extremadamente atractivo, con
recursos para hacer de todo, percibe el mundo ausente
de obstáculos, llenos de experiencias positivas y
predice un futuro lleno de posibilidades.
Tratamiento
Psicoeducación
Es solamente un
componente del tratamiento, ya que debe complementarse
con medicación y con terapia individual o familiar.
Las familias en
las que hay un miembro con un trastorno bipolar no son
diferentes de otras familias en las que hay un miembro
con una enfermedad psiquiátrica crónica.
El objetivo
principal del tratamiento es lograr que el paciente
tome conciencia de su enfermedad y de la
responsabilidad que recae sobre él en la estabilización
de su estado de ánimo.
Es importante
tener en cuenta que la familia es un apoyo fundamental
para el paciente, sobretodo en las tareas en que su
juicio resulta afectado y hace peligrar la continuidad
del tratamiento. Por eso el tratamiento que propone el
Dr. A. Lagomarsino es la psicoeducación, que sirve
como guía de la enfermedad para el paciente y a su
familia.
La información
puede darse oralmente en sesiones de terapia
individual o familiar o en forma escrita. Otra manera
de llevar a cabo la psicoeducación es en talleres
para pacientes y familiares.
Los temas que
suelen tratarse son:
-
Conocimientos
necesarios para la comprensión de la enfermedad y
sus tratamientos (datos epidemiológicos,
sintomatología).
-
El
establecimiento de reglas y límites en una
familia para lograr una buena convivencia.
-
Los
pedidos hechos al paciente tienen que ser
precisos, evitando generalidades y reproches.
-
Es
necesario que la familia planifique como actuará
ante una crisis.
-
Se
trabaja sobre la autoestima, la vergüenza y
discriminación, frustración, rabia, tristeza.
La información
intenta disminuir la desorientación y la
desesperanza, al mismo tiempo que crea un espacio para
compartir experiencias y crear una red de apoyo para
las familias que padecen esta enfermedad.
Tratamiento
familiar psicoeducacional
La
"Expresión Emocional" (EE) revela los
procesos transaccionales de la familia. La
"Expresión Emocional" es el conjunto de las
actitudes familiares hacia el miembro con problemas
psiquiátricos. Es decir, las críticas, las conductas
hostiles y el grado de involucramiento (entendido en términos
de preocupación de sacrificio) de una persona por el
paciente.
Algunas
investigaciones (Goldstein y Miklowitz, 1995)
demuestran que las familias con pacientes psiquiátricos
se caracterizan por tener un alto grado de EE y que
alterando el grado de EE se observan mejorías en los
pacientes.
Es un
tratamiento complementario a la farmacoterapia.
Consiste en 21 sesiones y su duración es de 9 meses:
12 sesiones semanales, 6 cada dos semanas y 3
mensuales.
Se observan y
registran los patrones de "Expresión
Afectiva" característicos de la familia
Se tiene en
cuenta tres aspectos centrales para el tratamiento:
-
Las conductas que
evidencian una alta EE en la familia (críticas,
conductas hostiles como ataques a la personalidad
del paciente, o comentarios que expresan que no
puede valerse por si mismo y que necesita ayuda
que demuestran una actitud de sobreinvolucración).
-
Las atribuciones que hacen
los familiares acerca de las conductas sintomáticas
de los pacientes. Las familias de sujetos
bipolares tienden a interpretar los cambios de
humor a la personalidad y no a las consecuencias
de una enfermedad psiquiátrica. Es importante
verificar el nivel de control creen que tiene el
paciente sobre estas conductas.
-
Por último es importante
observar como una familia discute y resuelve un
problema, si generan escaladas y criticas en las
discusiones o logran un buen intercambio de
opiniones
El tratamiento
consiste en tres módulos básicos:
-
Psicoeducación: Se
realiza en siete sesiones en las que el clínico
comparte con la familia y el paciente información
acerca del Trastorno Bipolar (síntomas característicos,
causas, pronostico, aspectos hereditarios,
factores estresantes, etc. ). Lo más importante
es que el paciente explique a su familia qué
siente cuando está sintomático y que la familia
también exprese su visión del problema.
-
Entrenamiento en
comunicación: se realiza una vez lograda la
estabilidad de los síntomas. Se desarrolla en
aproximadamente siete sesiones. Con rol-playing
los familiares aprenden ciertas capacidades
necesarias para una buena comunicación. También
se realizan tareas fuera de las sesiones.
-
Resolución de
problemas: En 4 o 5 sesiones se entrena a la
familia a identificar los problemas, generar
alternativas, evaluar los pros y los contras e
implementar la solución escogida. Es de gran
ayuda para hacer frente al paciente cuando este no
quiere tomar la medicación o cuando surgen
problemas de convivencia.
Los objetivos
del tratamiento son:
-
Que los familiares
comprendan los cambios de humor del paciente en términos
de síntomas y no de rasgos de personalidad. Que
comprendan que ellos no los pueden controlar.
-
Lograr la mayor
independencia posible del paciente a través de su
adherencia voluntaria a la medicación y así
evitar la sobreprotección.
-
Permitirle a la familia
sentir que puede tener control sobre su futuro,
entrenándolos en el descubrimiento de los síntomas
previos a un episodio maníaco o depresivo (como
alteración del sueño, elevada ansiedad, etc.).
Esto los ayuda a prevenirse.
Farmacoterapia
El tratamiento
con fármacos debe llevarse a cabo con suma precaución,
ya que el tratamiento de los episodios depresivos con
fármacos antidepresivos precipita con frecuencia un
episodio maníaco. Para los episodios maníacos se
suele prescribir litio.
Es una alteración
del estado de ánimo crónica y con fluctuaciones
durante al menos 2 años. La persona presenta
numerosos períodos de síntomas hipomaníacos (síntomas
similares a los del episodio maníaco, pero que no son
lo suficientemente graves como para provocar deterioro
laboral, o social o necesitar hospitalización, ni
tampoco presenta síntomas psicóticos) y numerosos
períodos de síntomas depresivos.
Éstos últimos
son:
-
estado
de ánimo deprimido la mayor parte del día,
-
pérdida
de placer o interés en casi todas las
actividades.
-
pérdida
o aumento importante de peso o de apetito,
-
insomnio
o exceso deseo de dormir,
-
lentitud
o agitación físico,
-
fatiga,
-
sentimientos
de inutilidad o culpa excesivos,
-
dificultad
para concentrarse y
-
pensamientos
recurrentes de suicidio o muerte.
La ciclotimia
suele comenzar en la adolescencia o al principio de la
edad adulta. Aparece con la misma frecuencia en
hombres y en mujeres.
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