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El
síntoma fundamental del delirium es el deterioro de la
conciencia, en general asociado al deterioro global de las
funciones cognitivas. Son síntomas psiquiátricos
frecuentes las anormalidades del ánimo, en percepción y de
conducta; entre los síntomas neurológicos suelen aparecer
temblor, asterixis, nistagmus, incoordinación e
incontinencia urinaria. Normalmente, el delirium aparece de
forma repentina (horas o días), tiene un curso breve y
fluctuante, y la mejoría es rápida cuando se identifica y
elimina el factor causante. Sin embargo, estas características
generales pueden variar entre unos pacientes y otros.
El
delirium es un síndrome, no una enfermedad. Responde a
diversas causas que presentan un patrón de síntomas
similares en lo que se refiere al nivel de deterioro
cognitivo y de conciencia del paciente. La mayoría de las
causas del delirium son ajenas al sistema nervioso central
-por ejemplo, insuficiencia renal o hepática.
El
delirium sigue siendo un trastorno clínico infrarreconocido
e infradiagnosticado. Una parte del problema estriba en que
es un síndrome que recibe multitud de nombres -por ejemplo,
estado confusional agudo, síndrome cerebral agudo,
encefalopatía metabólica, psicosis tóxica e insuficiencia
cerebral aguda-.
La
importancia de reconocer este trastorno estriba en: 1) la
necesidad clínica de identificar y tratar la causa
subyacente y 2) la necesidad de evitar complicaciones
asociadas al delirium. Entre ellas, se debe considerar la
lesión accidental a causa de la pérdida de conciencia o
las deficiencias en la coordinación o el uso innecesario de
restricciones.
La
desorganización de la atención rutinaria es un problema
especialmente preocupante en las unidades no psiquiátricas,
comolas de cuidados intensivos, medicina general y cirugía.
ETIOLOGÍA
Las
causas fundamentales del delirium son enfermedades del
sistema nervioso central (p. ej., epilepsia), enfermedad
sistémica (p.ej., insuficiencia cardíaca) y la intoxicación
o abstinencia de agentes farmacológicos o tóxicos. Al
evaluar al paciente delirante, debe tenerse en cuenta que
cualquier droga que el paciente haya ingerido puede ser
relevante en cuanto a la causalidad del delirium.
El
principal neurotransmisor que se considera implicado en el
delirium es la acetilcolina y la principal zona neuroanatómica
es la formación reticular. Diversos estudios han mostrado
que distintos factores inductores de delirium provocan una
disminución de la actividad acetilcolínica en el cerebro.
Otra de las causas más frecuentes es la intoxicación por
la ingesta excesiva de medicamentos de actividad anticolinérgicos,
otros fármacos de uso habitual en psiquiatría producen un
efecto similar : la amitriptilina, la doxepina, la
nortriptilina, la imipramina, la ioridacina y la
clorpromacina. La formación reticular del tallo cerebral es
la zona principal de regulación de la atención y los
impulsos, y la vía involucrada en el delirium es la vía
tegmental dorsal, que proyecta desde la formación reticular
mesencefálica sobre el tectum y el tálamo.
Se
han sugerido otros mecanismos fisiopatológicos. El delirium
asociado a la abstinencia alcohólica se asocia
especificamente a la hiperactividad del locus ceruleus y sus
neuronas noradrenérgicas. La serotonina y el glutamato son
otros de los neurotransmisores que también se han
relacionado con el delirium.
Delirium
inducido por litio
Los
pacientes con concentraciones de litio en plasma superiores
a 1,5 mEq/L presentan riesgo de dilirium. Antes de que
aparezca, es frecuente que se observe un estado de letargia
general, tartamudez, balbuceo y fasciculaciones musculares
que duran de varios días hasta una semana. La resolución
del delirium inducido por litio puede tardar hasta tres
semanas, incluso una vez suprimida la administración del fármaco.
Son frecuentes las convulsiones y los episodios de estupor
durante la recuperación. Los tratamientos primarios, además
de la suspensión del litio, consisten en tratamiento de
apoyo, manteniendo del equilibrio electrolítico del
paciente y la facilitación de la excreción del litio. Es más
efectivo el uso de fármacos que actúan en el túbulo
proximal (como la ainofilina, la acetazolamida) que las que
lo hacen en el tubulo distal. El sistema de eliminación de
litio más efectivo es la hemodiálisis, en especial si se
practica al principio del curso del trastorno.
CARACTERISTICAS
CLINICAS
La
característica clave del dilirium es una deficiencia
cognitiva, como "la reducción de la percepción clara
del entorno", con menor capacidad para enfocar,
mantener y cambiar la atención. Algunos investigadores
mantienen que la incapacidad para menener la atención es lo
esencial en el delirium. Normalmente, las deficiencias
cognitivas y la incapacidad para atender fluctúan a lo
largo del día, con alternancia de períodos relativamente lúcidos
y sintomáticos. El estado de delirium suele ir precedido
varios días por ansiedad, somnolencia, insomnio,
alucinaciones transitorias, pesadillas e inquietud. La
aparición de estos síntomas en un paciente con riesgo de
delirium exige un control cuidadoso. Los pacientes que han
tenido un episodio previo de delirium tienen más
probabilidades de sufrir un episodio recurrente en las
mismas condiciones.
Activación
Se
han descrito dos patrones generales de activación anormal
en los pacientes con delirium. Uno de ellos se caracteriza
por la hiperactividad asociada a un estado de alerta
intenso. El otro patrón presenta hipoactividad asociada a
disminución de la alerta. Los pacientes con delirium
asociado a la abstinencia de sustancias suelen sufrir
delirium hiperactivo, a veces asociado a signos autonómicos,
como sofoco, palidez, sudor, taquicardia, midiasis, náuseas,
vómitos e hipertermia. Los pacientes con síntomas
hipoactivos se diagnostican a veces como deprimidos, catatónicos
o dementes. También hay pacientes con patrones mixtos de
hipoactividad e hiperactividad.
Orientación
La
orientación temporal, espacial y persona debe valorarse en
pacientes con delirium. NOrmalmente, se altera la orientación
temporal, incluso en causas leves de delirium. En los casos
más graves, es posible que aparezca deterioro de la
orientación espacial y de la capacidad de reoconocer a
personas (p.ej., al médico o a los familiares). Es extraño
que se pierda la orientación personal.
Lenguaje
y cognición
Los
pacientes con delirium suelen presentar anormalidades de
lenguaje, como divagaciones, discurso incoherente o
irrelevante y deterioro de comprensión. Sin embargo, el
DSM-IV no considera imprescindibles las anormalidades de
lenguaje para el diagnóstico, ya que serían imposibles de
medir en un paciente mutista.
Otras
funciones congnitivas que pueden presentar deficiencias en
los pacientes con delirium son la memoria y las funicones
cognitivas generales. Pueden observarse deficiencias en la
capacidad para almacenar, retener y rememorar, aunque la
memoria remota suele conservarse intacta. Además del
descenso de la atención, uno de los síntomas hipoactivos
característicos del delirium es una reproducción cognitiva
deteriorada. Los pacientes delirantes también tienen
deteriorada la capacidad de resolver problemas y pueden
sufrir delirios no sistematizados, con frecuencia
paranoides.
Percepción
Los
pacientes con delirium suelen tener una incapacidad
generalizada para discriminar los estímulos sensoriales e
integrar las percepciones presentes y pasadas. Suelen
distraerse con estímulos irrelevantes o agitarse cuando se
les presenta información nueva. También son relativamente
frecuentes las alucinaciones. Suelen ser visuales o
auditivas, aunque también pueden ser táctiles u olfativas.
Las alucinaciones visuales pueden ser desde simples figuras
geométricas o esbozos coloreados, hasta personas y escenan
completamente formadas. Las ilusiones auditivas y visuales
son frecuentes en el delirium.
Ánimo
Los
pacientes con delirium presentan con frecuencia anomalías
en la regulación del ánimo. Los síntomas más habituales
son enfado, rabia y temor injustificado. También pueden
mostrar apatía, depresión y euforia. En algunos pacientes,
estos distintos estados cambian rápidamente a lo largo del
día.
Síntomas
asociados
Perturbaciones
de la vigilia-sueño. El sueño del paciente con
delirium presenta perturbaciones características. Suelen
sentirse somnolientos durante el día, y dormitan con
frecuencia. El sueño, sin embargo, suele ser breve y
fragmentado. A veces, se invierte el ciclo completo del sueño-vigilia.
En ocasiones, los síntomas del delirium se exacerban justo
antes de acostarse. Las pesadillas y los sueños
interrumpidos provocan a veces el despertar con experiencias
alucinatorias.
Síntomas
neurológicos. Los pacientes con delirium suelen
presentar síntomas neurológicos asociados como disfasia,
temblor, asterixis, incoordinación e incontinencia
urinaria. También pueden formar parte del patrón sintomático
los signos neurológicos focales.
Un
internista solicitó la consulta psiquiátrica par un
paciente de 59 años, anticuario de profesión,
hospitalizado por hipertensión grave. Al tercer día, el
paciente parecía deprimido. Se le encontró dormitando en
la cama, parecía que había vertido la comida en las sábanas.
Costó trabajo despertarle; respondía por su nombre y
miraba al especialista, pero parecía no entender preguntas
sencillas, como donde estaba y qué día era. Murmuraba de
forma inteligible y , al examinarlo, presentaba una
debilidad evidente en el brazo y perna derechas. La consulta
neurológica confirmó el diagnóstico de enfermedad
cerebrovascular.
Comentario.
La reducción de la capacidad de mantener la atención
(parecía no comprender preguntas sencillas), el nivel
reducido de conciencia (dormitaba en la cama y fu difícil
despertarlo), y el pensamiento desorganizado (discurso
incoherente), combinados con la evidancia de una causa orgánica
(debilidad localizada en el lado derecho) indicaban
delirium. Aunque en el pasado el término
"delirium" connotaba un estado confuso de agitación
o excitación, en la actualidad se considera que el síntoma
esencial es la alteración de la atención y del pensamiento
dirigido a un objeto concreto. Otros síntomas comunes del
delirium, que el paciente no muestra espontáneamente, son
las alteraciones perceptivas (malinterpretaciones, ilusiones
o alucinaciones), el aumento de la actividad psicomotora y
las deficiencias de memoria.
Aunque
los neurólogos suelen coincidir en que, técnicamente,
existe delirium después de la consulta psiquiátrica,
normalmente no lo incluyen en su diagnóstico, que se centra
en el proceso causal, la enfermedad cerebrovascular.
CURSO
Y PRONOSTICO
Aunque
el debut del delirium suele ser repentino, es posible que se
observen síntomas prodrómicos (como inquietud y temor) en
los días previos al debut de los síntomas floridos. Los síntomas
del delirium suelen durar mientras persiste el factor causal
relevante, aunque habitualmente termina en una semana.
Identificado y eliminado el factor causal, los síntomas del
delirium suelen desaparecer en un período de tres a siete días,
aunque algunos tardan hasta dos semanas en desaparecer por
completo. Cuanto mayor sea el paciente y más haya durado el
episodio de delirium, más largo es el período de resolución.
Una vez superado, el recuerdo de lo que ocurrió suele ser
puntual, y el paciente suele considerarlo como un mal sueño
o una pesadilla que se recuerda sólo vagamente. Como se
comentó en el apartado de la epidemiología, la incidencia
del delirium va asociada al índice de mortalidad durante el
año próximo, debido fundamentalmente a la gravedad de las
enfermedades médicas que lo causaron.
Todavía
no se ha demostrado claramente si el delirium progresa o no
hacia la demencia, aunque muchos clínicos sostienen la
existencia de esta progresión. Una observación clínica
que, sin embargo, si está validada, es qu elos períodos de
delirium van seguidos a veces de depresión o trastornos de
estrés post-traumático.
Tratamiento
farmacológico.
La
psicosis y el insomnio son los dos síntomas más
importantes del delirium que pueden requerir tratarmiento
farmacológico. El fármaco más indicado para la psicosis
es el haloperidol, una butirofenona. Según la edad, el peso
y las condiciones físicas del paciente, la dosis puede
variar entre 2 y 10 mg por vía intramuscular, que puede
repetirse una hora después si persiste la agitación.
Cuando el paciente se clama, debe iniciarse la medicación
oral, en líquido concentrado o pastillas. Son suficientes
dos dosis orales diarias; dos tercios de la dosis debe
ingerirse al acostarse. Para conseguir el mismo efecto terapéutico,
la dosis oral debe ser 1,5 veces mayor que la dosis
parenteral. La dosis diaria total varía entre 5 y 50 mg
diarios para la mayoría de los pacientes con delirium.
Una
alternativa al IV es el Dehidrobenzoperidal, aunque el
tratamiento requiere un cuidadoso control electrocardiográfico.
Deben evitarse las fenotiacinas, por su actividad anticolinérgica.
El
insomnio puede tratarse con benzodiacepinas de vida medio
corta o con hidroxicina, de 25 a 100 mg. Deben evitarse las
benzodiacepinas de vida media larga y los barbitúricos,
salvo que se estén utilizando como parte del tratamiento
del trastorno subyacente (como por ejemplo, abstinencia de
alcohol) |