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Ciclo
vital - Infancia - Adolescencia -
Juventud - Adultez - Vejez |
Infancia
Es
sabido que el bebé humano depende completamente
de sus cuidadores para sobrevivir.
Desde
los primeros meses de vida, el bebé ira
ampliando el repertorio de sus conductas a
medida que interactúe con sus cuidadores,
estableciendo una relación especial con ellos.
El tipo de vínculo que se desarrolla con la
madre en el primer año de vida se verá
reflejado en las relaciones que mantendrá con
los demás y el mundo, en un futuro.
Uno
de los primeros logros del bebé es la capacidad
de diferenciarse de la madre y reconocer los límites
de su cuerpo. Esto constituirá la columna
vertebral de su esquema corporal y futura
identidad. Al principio necesitará de su madre
para que ella decodifique sus gestos y llantos,
que son la única manera de comunicarse que
posee. La madre suele ser la primera en
comprender su lenguaje. Por eso es que se dice
que en un primer momento el mundo del bebé es
él y su mamá. Poco a poco, el bebé necesitará
menos de ella para sobrevivir.
Es
fundamental que el bebé se reconozca como una
persona separada de su madre y que conforme un
esquema corporal adecuado. La conformación del
mismo se logra gracias a la elaboración de las
sensaciones relacionadas con los estados de
necesidad y saciedad (hambre, dolor, sueño,
entre otras), y las relaciones con el medio
ambiente. La medida en que sus necesidades son
satisfechas, y la cualidad (el grado en que son
satisfechos) así como también la rapidez de
las respuestas de sus cuidadores, son un aspecto
esencial del sano desarrollo del bebé.
El
contacto físico con su cuidador es de gran
relevancia en esta etapa. Tiene que proveer un
entorno de apoyo, para que el niño pueda
sentirse contenido y pueda experimentar, y para
ello los padres deben anticiparse y reconocer
las necesidades del bebé. Si siente que sus
cuidadores lo satisfacen, podrá ser capaz de
relacionar sus impulsos con sus funciones
corporales, ayudando a desarrollar su propio
ser.
El
bebé interpreta todo lo que sucede a su
alrededor a través de las distintas sensaciones
que su cuerpo capta a través de los sentidos
(diferencias térmicas, lumínicas, auditivas,
separación del cuerpo materno, desplazamientos
en el entorno). Hasta alrededor del año y medio
de vida, el infante reconocerá el mundo
exterior primordialmente a través de su boca,
lo que se observa por su necesidad de llevarse
cantidad de objetos hacia ella.
A
los dos o tres meses el infante comienza a dar
la impresión de ser una persona totalmente
distinta, encarando las relaciones sociales de
otra manera. Se desenvuelve como si ya tuviera
un sentido de sí mismo, en tanto cuerpo
distinto y coherente.
Otro
gran paso en esta etapa se relaciona con el
logro del niño en reconocer las líneas de
parentesco y establecer lazos de afecto. Esto se
relaciona primordialmente con las figuras de los
cuidadores, que en ciertos casos puede no tener
que ver con lazos de consanguinidad.
Generalmente el bebé suele reconocerse en un
primer momento como hijo de su madre y más
tarde entiende los demás lazos de parentesco.
Este logro implica un gran salto en la
conformación de la identidad, lo que permite
reconocerse como miembro de un grupo social.
Después
de los seis meses el bebé comienza con el
destete, lo que les provoca tristeza y
nostalgia. Se cree que cuanta mayor leche
materna el bebé consuma en el tiempo, mejores
defensas poseerá su sistema inmunológico. Por
está razón, a veces se sigue amamantando hasta
los 7-8 meses, pero sin permitir que el destete
se prolongue hasta más tarde de los 9 meses.
Alrededor
de los 8 meses, cuando generalmente empiezan a
gatear, los infantes suelen pasar por un período
en el cuál le temen a los extraños, lo que
demuestra que poseen la capacidad para reconocer
a las personas de su entorno mediato. A este
miedo se lo conoce como angustia de separación,
denotando una transición importante en el
desarrollo psicológico del bebé.
Es
cuando empiezan a caminar, al año
aproximadamente, cuando se siente
suficientemente seguro como para comenzar un
conjunto de actividades exploratorias en el
ambiente. Ya tiene las bases de su identidad
formada y posee una base segura a quien
remitirse (es decir, sabe que cuenta con un
cuidador que está allí para protegerlo,
alimentarlo y cuidarlo). El niño desea
experimentar por su propia cuenta y para esto es
necesario que los padres le permitan ejercitar
sus nuevas capacidades, teniendo siempre en
cuenta que existen limitaciones. Es muy
importante considerar los tiempos propios de los
niños.
Hasta
el segundo año de vida, el desarrollo motor e
intelectual se ve acelerado. Los niños
adquieren un mayor control de sus actos, la
marcha y el lenguaje. Todos estos factores los
proveen de una mayor independencia.
Con
la adquisición del lenguaje, que aparece al año
y medio o dos años, llega la capacidad simbólica
que les permite usar las palabras y el jugar.
También comienzan a razonar y a escuchar las
explicaciones de los adultos, y esto les ayuda a
tolerar mejor las demoras de sus satisfacciones.
Empiezan a descubrir lo excitante del explorar,
el placer de descubrir y desarrollar nuevos
comportamientos (nuevos juegos como el
esconderse). Hacen demostraciones abiertas de
afecto, como abrazar, sonreír y dar besos, pero
también son capaces de demostrar protesta, sea
llorando, golpeando contra el suelo o gritando.
Es muy común que en esta época prefieran estar
con la familia que con extraños, de los cuales
suelen huir. La angustia de separación, que
comenzó a los 8 meses, cesa recién a los dos años,
momento en el que ya son capaces de entender que
aunque la madre no está presente, ella regresará,
y además pueden prever su regreso.
Es
durante este período que se debe comenzar con
el entrenamiento del control de esfínteres, que
si es firme, pero considerado a la vez, ayuda al
niño a poseer un sentimiento de autocontrol,
sin perder su autoestima. El control de esfínteres
a veces se demora hasta los dos años y medio.
El niño logra primero retener de día, para
mucho más tarde poder pasar toda la noche sin
dificultades. Es hasta los tres años y medio
que el mundo del niño comienza a experimentarse
a través de la manipulación de los objetos,
período durante el cuál suelen gustarle jugar
con materiales como la arena, el barro, arcilla,
etc.
A
su vez, adquieren la capacidad para ir
incorporando las reglas y normas de la sociedad.
Los niños comienzan a identificarse con el
padre, el que impone la ley. En un primer
momento se aprenden las regulaciones de la
familia y luego se extienden a otros grupos, y
finalmente a la sociedad en su totalidad. De
esta manera el niño aprende que existe cierta
manera de comportarse con los demás, que hay
cosas que están permitidas (proscripciones) y
cosas que están prohibidas (prescripciones).
Poco a poco empieza a entender que las personas
que se hacen cargo de él esperan que se
comporte de cierta manera y no de otra.
No
sólo aprende que los demás esperan de él
ciertas conductas y que hay ciertas normas que
debe obedecer, sino que descubre que él mismo
puede crear reglas y modos de comportarse. Así,
es común que pruebe un gran repertorio de
conductas como manera de evaluar a los demás.
Por ejemplo, utiliza la fuerza física para
probar la propia capacidad para realizar
movimientos corporales, desplazamientos, pero
también para comprobar su poder sobre los demás
(padres, hermanos, amiguitos). Al mismo tiempo
evalúa muchas otras cosas como por ejemplo, el
nivel de permisividad o rigidez de sus padres,
sus expectativas, la forma de complacerlos, los
niveles de jerarquía y roles dentro de la
familia.
Con
respecto a su papel sexual, los niños lo van
adquiriendo a través de la imitación, de las
prohibiciones y recompensas. Su curiosidad por
la anatomía del sexo es normal y sana. Es más,
es necesario que su curiosidad sea saciada con
las respuestas adecuadas a su edad, para que los
niños se desenvuelvan cómodos y felices en sus
roles. Es hacia los dos años y medio que
adquieren la identidad
de género, y esto se observa en la elección
de sus juegos y juguetes, que a su vez estarán
influenciados por las costumbres sociales y
culturales.
Los
padres poseen la tarea de colmar las necesidades
de sus hijos de manera sensible, pero también
permitiendo que gradualmente se produzcan
frustraciones óptimas. A su vez, la imposición
firme de límites es fundamental para la crianza
de los hijos, para que éstos aprendan las
conductas aceptables y así estimular la
independencia progresiva del niño. Es entre el
equilibrio del castigo y la permisividad que los
niños adquieren un sistema ético de principios
morales.
Se
entenderá a la niñez como el período que
abarca de los tres a los doce años, etapa en la
que se produce un importante desarrollo físico,
emocional y de ingreso al grupo social más
amplio.
La
edad preescolar se extiende de los tres a los
seis años, etapa en la cuál los niños ya
controlan esfínteres y no tienen estallidos de
rabia tan frecuentemente como en años
anteriores.
Es
importante que el niño se adecue al sistema
escolar, pero no se le debe exigir más allá de
sus capacidades. Su lenguaje se fue ampliando y
ya puede utilizar frases completas. Utilizan más
los símbolos y el lenguaje.
Su
pensamiento suele ser egocéntrico. Se sienten
el ombligo del mundo y no pueden ponerse en el
lugar del otro, ni comprender el punto de vista
de otra persona. El tipo de pensamiento es mágico
(por ejemplo, "los malos pensamientos
provocan accidentes", o "el sol sale
porque Dios está contento") y animista, es
decir, le dan a los objetos características
humanas como la capacidad de sentir. No poseen
sentido de causa-efecto (por ejemplo, si tiran
un plato y se rompe, creen que el plato se ha
roto pero no porque ellos lo hayan tirado).
Clasifican las cosas por su función, por
ejemplo, definen una bicicleta como
"andar".
Son
capaces de expresar sus sentimientos de amor,
tristeza, celos, envidia, curiosidad y orgullo.
Empiezan a preocuparse por los demás.
El
niño comienza la inserción social más allá
de la familia, incorporándose al mundo
exterior. Aprende nuevas maneras de interactuar
con las personas. El nacimiento de un nuevo
hermanito pone a prueba su capacidad de
compartir y ayudar. Los celos en estas
situaciones suelen ser frecuentes, mientras que
la rivalidad con los hermanos va a depender de
la crianza que se le haya dado. Sin embargo es
importante que los padres puedan dividir sus
funciones entre sus hijos, y no dedicarles todo
su tiempo al nuevo hijo.
En
esta etapa comienzan a distinguir entre lo real
y lo fantaseado, principalmente a través de los
juegos que realizan. Son frecuentes los juegos
de personificación, en los que, por ejemplo,
una niña "hace de cuenta que es una ama de
casa" y "un varón personifica a un
camionero. Esto les permite analizar situaciones
reales de la vida cotidiana.
El
dibujo también evoluciona en esta etapa,
permitiendo ver el crecimiento del niño. En
dibujo de una persona van agregando
progresivamente el pelo, las orejas, los brazos,
las piernas, los dedos. Lo último en aparecer
suele ser un torso proporcionado al resto del
cuerpo.
Los
amigos imaginarios suelen ser frecuentes en el
50% de los niños entre 3 y 10 años, mayormente
en niños con una inteligencia superior. Los
amigos imaginarios pueden ser tanto objetos como
personas.
Una
cuestión muy importante en esta etapa es la de
la diferenciación sexual, que se produce
aproximadamente a partir de los 3 años. Aparece
un sentimiento de curiosidad sexual creciente.
Los niños atraviesan por un período de
discriminación de las diferencias entre los
sexos (distinción de géneros). Cada uno
reconoce en el otro una diferencia. Es normal
notar que el niño demanda la atención del
progenitor del sexo opuesto. Buscan afanosamente
conseguir el cariño de sus padres,
principalmente si tienen hermanos. No obstante,
el niño necesita de los límites que imponen
ambos padres.
De
igual manera la masturbación se debe al interés
en el propio cuerpo y es normal en esta etapa.
Es frecuente el juego de "médicos" y
"enfermeras", por lo tanto los padres
no deben darle tanto importancia a este hecho y
dejarlos jugar.
Al
final de esta etapa distinguen entre lo que
quieren y lo que deben hacer, logrando conseguir
poco a poco un sentimiento moral de lo bueno y
lo malo. Los niños entienden las normas como
creadas sin ningún motivo ("porque si). No
entienden los dilemas morales. Aprenden que
existen los límites, y que toda mala acción
será castigada. Aún así, el castigo en exceso
es contraproducente. Además, irán adquiriendo
progresivamente el sentido de responsabilidad,
seriedad y autodisciplina.
Algunos
niños rechazan la escuela, ya sea debido a la
ansiedad de separación o al miedo de separación
que le trasmite su cuidador. De igual manera,
tal problema suele ampliarse a otras situaciones
sociales, por lo cuál es vital que, en vez de
ceder al miedo, se lo ayude a superarlo.
Alrededor
de los seis años, el niño comienza a
participar de la comunidad escolar, un contexto
organizado, con normas diferentes, en ocasiones,
a las del propio hogar. En esta etapa cobra
importancia la interacción y relación con sus
compañeros, ya que comienza a buscar un
sentimiento de pertenencia y de aceptación de
los otros. Estas relaciones pueden llegar a ser
consideradas incluso más importantes que las de
su ámbito familiar. Suelen preferir rodearse de
niños de su mismo sexo.
Paulatinamente
pasan de un juego solitario (en la mitad de la
edad pre-escolar), en el que cada uno juega por
separado sin interaccionar con sus compañeritos,
a un juego reglado en el que se tiene en cuenta
al otro y se respetan las reglas del juego, sin
querer impartir las propias. No obstante es
necesario que se lo deje realizar juegos
solitarios o en compañía de libros, películas,
la televisión en ciertas oportunidades.
Al
lenguaje lo comienzan a utilizar para trasmitir
ideas complejas. Adquieren la capacidad de
concentración a los nueve o diez años y dejan
la fantasía de lado por la exploración lógica.
Al
asumir los niños la imposibilidad de llevar a
cabo la actividad sexual, caen en un período de
latencia, en donde esa energía la utilizan en
la realización de tareas escolares y para los
deportes, aumentando su capacidad de responder a
las demandas emocionales e intelectuales de su
ambiente.
El
hecho de sentirse discriminado o desanimado en
la escuela, ser sobreprotegido en su casa,
decirles que son inferiores, puede influenciar
la autoestima negativamente. Es muy positivo
animar al niño a valorar el ser productivo y
perseverante en una tarea.
El
niño empieza a operar y a actuar sobre lo
concreto y lo real de los acontecimientos y
objetos. Son capaces de manejar y considerar
gran cantidad de información ajena, lo que les
permite percibir la realidad desde el punto de
vista de los otros.
Pueden,
también, entender la relación entre los
hechos, que una cosa puede convertirse en otra
(por ejemplo, que una bola de plastilina se
puede convertir en un bastón y seguir teniendo
la misma cantidad de plastilina), y volver a su
estado original (como el agua y el hielo).
Un
logro primordial en esta etapa es el de
organizar y ordenar las cosas del mundo
circundante. La experiencia escolar representa
un mundo muy importante para los niños, con
metas propias, frustraciones y limitaciones. En
la primaria se asientan las bases estructurales,
herramientas que les permitirá a los niños a
desenvolverse en el plano concreto, para luego,
en la secundaria, aprender a manejarse mediante
la abstracción.
El
niño, al atravesar esta etapa, va adquiriendo
la capacidad de trabajar y de adquirir destrezas
adultas. Aprende que es capaz de hacer cosas, de
dominar y de concluir una tarea. Igualmente, es
necesario no poner un énfasis excesivo en las
normas y obligaciones, ya que esto puede
causarle un desarrollo del sentido del deber en
detrimento del deseo natural de trabajar.
Adolescencia
La
adolescencia es una etapa del desarrollo humano,
la cual se caracteriza por profundos cambios del
desarrollo biológico, psicológico y social.
La
adolescencia se divide, arbitrariamente, en tres
etapas:
-
Pubertad:
entre 12 y 14 años.
-
Adolescencia
media: entre 15 y 16 años
-
Adolescencia
tardía: entre 17 y 20 años
Las
características de cada etapa pueden variar de
un sujeto a otro.
La
adolescencia es un período primordialmente de
duelos. Se produce la pérdida del cuerpo
infantil, de los roles infantiles y de la
identidad. Durante esta etapa el adolescente
lucha por la construcción de su realidad psíquica,
por la reconstrucción de sus vínculos con el
mundo exterior, y por su identidad.
La
actividad hormonal produce ciertas
manifestaciones en la pubertad. Lo característico
de éste período es el desarrollo de los órganos
reproductores y los genitales externos. En las
chicas se produce el crecimiento de los pechos y
ensanchamiento de las caderas; y aparece el
bello facial y el cambio de la voz en los
chicos. Este cambio hormonal también afecta el
funcionamiento del sistema nerviosos central,
afectando factores como el humor y el
comportamiento.
En
la pubertad se produce la pérdida por el cuerpo
infantil. El duelo por el mismo se da mediante
un enfrentamiento entre el esquema corporal
infantil y el cuerpo físico real de la persona.
El púber empieza a sentir como su cuerpo adulto
comienza a surgir. Es común que intente
controlar su cuerpo mediante el deporte.
Generalmente
las chicas inician la pubertad dos años antes
que los varones, pueden empezar a salir con
chicos y mantener relaciones sexuales a una edad
más temprana. Los chicos, por su parte, suelen
sufrir erecciones frecuentemente debido a que
responden con rapidez a varios estímulos.
La
adolescencia es un periodo donde se reactiva la
energía sexual, que permaneció latente durante
la niñez. La manera mediante la que los
adolescentes responden a esta urgencia es
principalmente con la masturbación, ya que es
un modo seguro de satisfacer los impulsos
sexuales. En la adolescencia media es frecuente
que existan respuestas sexuales y experimentación
con distintos roles sexuales. La masturbación
se convierte en una actividad normal, tanto para
las chicas, como para los chicos. Es común que
se produzcan enamoramientos desorbitados hacia
personas del otro sexo, generalmente
inalcanzables. También es posible que en la
adolescencia media se tengan relaciones
homosexuales, pero en forma transitoria. Los
estudios estadísticos indican que la mayoría
de los adolescentes se inician en las relaciones
sexuales aproximadamente a los 16 años.
En
la adolescencia se produce el duelo de la
identidad lo que provoca una lucha por la misma.
Se entiende la identidad como el ser uno mismo
en tiempo y espacio, en relación con los demás
y con uno mismo. Es el sentimiento de seguridad
sobre sí mismo. La confusión de la identidad,
lo cual es característica de la adolescencia,
se refiere a la imposibilidad de desarrollar una
idea de sí mismo coherente. Parte de la
resolución de la crisis de identidad consiste
en pasar de ser dependiente a ser independiente.
Es frecuente que los padres y sus hijos
adolescentes discutan sobre la elección de
amigos, pandillas, planes de estudio y temas
relacionados con la filosofía, modo en que los
adolescentes van afianzando su propia identidad.
Durante
la adolescencia también se producen cambios a
nivel del pensamiento. Es el momento donde
empieza a existir un pensamiento lógico formal,
el cual les permite pensar en ideas y no sólo
en objetos reales (característico de la
infancia). Este tipo de pensamiento permite al
sujeto la capacidad de reflexionar. En un primer
momento el adolescente reemplaza los objetos por
ideas. Las ideas se manejan como antes hacía
con los juguetes. Las palabras y la acción son
reemplazadas por el pensar. El intelectualismo
es un mecanismo de defensa que el adolescente
utiliza asiduamente. Esto se manifiesta en el
interés de las ideas, la lectura, siendo normal
que discuta ideas e ideologías con su grupo de
pares.
A
partir de este nuevo tipo de pensamiento formal
el adolescente se incorpora al mundo adulto,
liberando su pensamiento infantil subordinado,
programando su futuro y reformando el mundo
donde va a vivir. También le permite
incorporarse en la sociedad y un mayor dominio
de sus impulsos.
En
este momento muchos adolescentes muestran una
destacada creatividad, que expresan por medio de
la música, el arte y la poesía. La creatividad
también puede expresarse en el deporte, y en el
mundo de las ideas, discutiendo, reflexionando,
por ejemplo, sobre moral, religión, ética,
labores humanitarias. El escribir en un diario
personal es otra manifestación de la
creatividad en éste periodo.
Otra
característica que explica el comportamiento
adolescente es el ascetismo, el cual se
manifiesta en la captación de grandes ideales y
la renuncia a los placeres corporales. Esta es
una forma en que el adolescente controla y
elabora las pérdidas de ésta etapa.
El
grupo de compañeros entre los adolescentes es
un fenómeno esperable. Permite al adolescente
sentirse contenidos dentro de una zona
intermedia, que ya no es la familia ni la
sociedad. Le permite al adolescente mantener la
ilusión que pertenece a una sistema que lo
protege de la responsabilidad social. Le da al
individuo la ilusión de un cierto manejo
omnipotente sobre los objetos.
El
grupo es el contexto de descubrimiento más
favorable del adolescente, y los tranquiliza
durante el período de cambio. Durante la
adolescencia se cuestiona el núcleo de
pertenencia familiar por la necesidad de buscar
nuevos núcleos de pertenencia que defina su
identidad. El grupo de pares le permite al
adolescente la apertura hacia lo no- familiar, dándose
el espacio para el duelo por el rol infantil. Es
un momento donde el adolescente intenta ser
libre, pero todavía depende de sus padres y se
siente muy ligado a ellos. Suelen verse a través
de los ojos de sus compañeros, y su autoestima
puede sentirse disminuida ante cualquier
desviación en su apariencia física, en el código
de la ropa o de conducta.
En
la adolescencia media, el desarrollo físico ha
concluido, y falta realizar la integración con
la sociedad. En éste momento los adolescentes
tiene fuerza personal y no solo grupal.
A
medida que va pasando el tiempo, el adolescente
comienza a mezclar valores de fuentes diversas
con sus propios valores personales. A comienzo
de la edad adulta, se ha establecido una nueva
conciencia o superyo que debe ser capaz de
cambiar y crecer para acomodarse a las nuevas
situaciones de la vida. Cuando el adolescente
comienza a sentirse independiente de su familia,
y ésta lo apoya, empiezan a encontrase
repuestas a preguntas como "¿Quien
soy?" y "¿A donde voy?".
Ser
padres de adolescentes, implica además de tener
que enfrentarse a la tormenta que acompaña el
desarrollo del adolescente, verse obligados a
realizar adaptaciones en el trabajo, en su
matrimonio y en relación a sus propios padres,
ya que suelen estar atravesando por la adultez
tardía. Esta necesidad de independencia de la
familia por parte del adolescente, genera en los
padres mucha ansiedad, comportándose éstos de
manera controladora. Además, la fuerte
sexualidad de sus hijos genera ansiedad en los
padres.
En
la adolescencia tardía, se produce la elección
de la profesión, la cual es consecuencia de la
pregunta de "¿Hacia donde voy?". Los
adolescentes tienen que tratar con la influencia
de sus compañeros, padres, profesores y su
propio deseo, para decidir su vocación.
El
final de la adolescencia se produce cuando el
sujeto empieza a desarrollar y asumir tareas
propias del adulto joven, como por ejemplo, la
elección y responsabilidad de un trabajo, el
desarrollo del sentido de intimidad (que más
tarde va a conducir a la constitución del
matrimonio y la paternidad). Se produce el
reconocimiento del sí mismo como un ser adulto.
Juventud
Comienza
hacia el final de la adolescencia (20 años) y
llega hasta los 40 años. En este momento se
alcanza el apogeo
biológico, se asumen los roles sociales más
importantes y se empiezan a establecer
relaciones sociales más serias en el ámbito
laboral y en el personal. Es la etapa en la que
predomina el proceso de individuación.
Es decir, se logra la independencia y autonomía
en varios planos. Un adulto es alguien capaz de
verse a sí mismo como un individuo
autosuficiente que forma parte de la sociedad.
La
primer etapa representa el puente de desarrollo
entre el mundo adolescente y el adulto. Un tema
clave es la separación de la familia de origen, que conlleva la mudanza del
hogar paterno, incrementar la independencia económica
y emprender nuevos roles más responsables.
Simultáneamente surge la necesidad de disminuir
la dependencia emocional de los padres y aumenta
progresivamente el compromiso con el sexo
opuesto. Para poder formar una pareja es
necesario que surja la necesidad de complemento,
así como también debe existir cierta capacidad
para proyectarse en el otro sin fusionarse y
perder la individualidad.
La
primer década comprende un período de exploración y prueba de alternativas (de vocación, pareja, etc).
Se empieza a trabajar o a estudiar en la
universidad y se abandona el hogar paterno. Sin
embargo, las elecciones que se realizan son
tentativas y aún no implican un compromiso
definitivo.
Para
la mayoría de los jóvenes adultos, el hecho de
elegir una pareja y crear una familia es otro de
sus objetivos. Es frecuente que decidan casarse
y tener hijos. La pareja debe establecer su territorio con
independencia de la influencia de las familias
de origen. La paternidad y maternidad es uno de
los desafíos más importantes de esta etapa. El
nacimiento de un niño representa la
convergencia de dos familias y crea abuelos y tíos
por ambos lados de las familias de origen. Al
adquirir el nuevo rol de padres disminuye su rol
de hijos y se consolidan como adultos.
La
etapa del cuidado de los hijos pequeños puede
generar conflictos en las madres que deciden
relegar su profesión para dedicarse a su
crianza. El anhelo de una mayor participación
en el mundo adulto puede hacerlas sentir
insatisfechas y frustradas. Por eso cuando
comienzan la etapa escolar pueden reformar sus
actividades que habían hecho a un lado.
Hacia
los 30 años surge la necesidad de tomar la vida
más seriamente. Las personas comienzan a
afianzarse en el campo laboral y están en pleno
desarrollo
profesional. Los proyectos esbozados al
comenzar la carrera empiezan a concretarse. Es
una época de crecimiento personal y
profesional. El trabajo permite desarrollar
habilidades, cumplir con responsabilidades
individuales y sociales, pero al mismo tiempo
contribuye a situar a las persona en relación
con los demás, definiéndolo socialmente. El
trabajo para el adulto es lo que el juego para
el niño, lo inspira y lo proyecta al futuro.
La
mayoría de las personas entran en crisis al
llegar a los treinta. Surgen dudas, existen
mayores presiones y más responsabilidades. Es
bastante frecuente que se manifiesten en formas
de replanteos, de conflictos matrimoniales,
cambios de trabajo, depresión o ansiedad. Pero
para otros llegar a los treinta significa
descubrir aptitudes e intereses que hasta ahora
se desconocían o no se habían considerado. Las
relaciones con la familia y con los amigos
continúan siendo estables y las metas
profesionales progresan con rapidez.
En
la adultez temprana predomina el pensamiento operativo, dispuesto a ejecutar decisiones de profundas
proyecciones hacia el futuro. Pero hacia los 35
años se va tornando más reflexivo,
y empiezan a aparecer los primeros atisbos de lo
ya decidido y logrado. Frecuentemente, como
producto de esta evaluación se realizan grandes
cambios como son los divorcios, los cambios de
ocupación, etc.
Ya
hacia el final de la etapa, rondando los
cuarenta, aparece un fuerte sentimiento de
compromiso en todos los planos (conyugal,
familiar y profesional). Es un momento de
asentamiento y consolidación. Se lucha por
progresar en lo que se ha comenzado en etapas
anteriores. Se intenta construir una vida mejor,
utilizar las propias habilidades, perfeccionarse
en el área laboral y contribuir a la sociedad.
Se desea reconocimiento, pero al mismo tiempo
libertad. Es la época en que se guía a
generaciones futuras, sobretodo a través del
rol activo de la paternidad y maternidad.
Adultez
Este
período, que se extiende entre los 40 y los 65
años es un momento de transición, de replanteo
de la vida y duelo por varias pérdidas.
Constituye una etapa estresante para la mayoría
de las personas, pero llena de oportunidades de
seguir creciendo y desarrollándose. Se ha
alcanzado la cumbre vital, por lo que se cuenta
con una gran cuota de poder, y madurez.
Es
un tiempo de búsqueda dentro del alma, de
cuestionamiento y evaluación de los logros
alcanzados a lo largo de la vida. Una vez que se
ha hecho el balance acerca del tiempo vivido,
nuevamente se realizan elecciones. Muchas veces,
éstas están definidas por eventos más o menos
traumáticos como divorcio, enfermedad, cambio
de ocupación.
Se
desarrolla un sentido de urgencia de que el
tiempo se esta acabando, y al mismo tiempo se
toma conciencia de la propia mortalidad. De
manera que el " como
" y " en que "
se invierte el tiempo se convierte en un asunto
de gran importancia.
En
el plano biológico se produce un estancamiento en el desarrollo y la capacidad funcional. El cuerpo
está más cansado y los cambios fisiológicos
que se empiezan a manifestar pueden tener
efectos dramáticos sobre el sentido que la
persona tiene de sí misma. Muchas personas no
pueden ver el paso del tiempo con naturalidad y
hacen esfuerzos dramáticos para parecer jóvenes.
Las
mujeres entran en la menopausia,
y deben hacer el duelo por la pérdida de la
fertilidad. Para muchas es una experiencia
displacentera, mientras otras se sienten
liberadas porque no tienen más riesgo de
embarazo. Junto con los cambios fisiológicos se
producen otros a nivel psíquico, como síntomas
de depresión y ansiedad.
Los hombres también ingresan en el climaterio,
pero el cambio en su cuerpo y psiquismo es mucho
menos brusco. Tienen que
superar el decaimiento de su funcionamiento biológico
y su vigor en general.
Uno
de los dilemas humanos surge en la etapa de la
mitad de la vida. En este momento el hombre ha
progresado en status y posición y se vuelve más
atractivo para las mujeres jóvenes, mientras
que las mujeres de la misma edad, cuya
autoestima depende más de su apariencia física
se sienten menos atractivas para los hombres.
Simultáneamente
aumentan
las demandas y exigencias en otros planos.
En muchos casos aparece lo que se conoce como
" síndrome
de nido vacío ", que se produce cuando
el hijo menor se va a vivir sólo y los padres
sienten la casa deshabitada. Y por otro lado se
suma el cuidado de los propios padres que han
envejecido y algunos se enferman. Estas
responsabilidades suponen además mayores gastos
económicos.
Muchas
mujeres, ya liberadas de la necesidad de
ocuparse de sus hijos, pueden empezar a
desarrollar otras actividades. Los hombres, en
cambio han llegado a su más alta cuota
profesional. Esto implica un cambio en las
actividades de ambos, porque las mujeres
encuentran por primera vez tiempo para dedicarse
a lo que les plazca. Muchas deciden retomar su
profesión y otras prefieren comenzar a
desarrollar aptitudes que hasta el momento habían
sido relegadas.
La
irremediabilidad
de la muerte se hace presente. Se descubre
que la muerte es inevitable y no puede eludirse.
Lo decisivo será la manera en que cada uno
pueda enfrentase a su destino. Mientras algunos
son conscientes de su finitud, otros prefieren
evadirla. Quienes sean capaces de elaborar la
muerte aprovecharán esta etapa para construir
estructuras perdurables en el tiempo. Existen
varias formas de trascender la experiencia, a
través de los logros de los hijos, los
proyectos, la participación en actividades políticas
o religiosas, la propia empresa, etc.
Llegada
la edad media con su consabida crisis de
finitud, el pensamiento
se hace más relativo.
La conciencia de finitud lleva al balance de lo
vivido. Las personas suelen plantearse acerca de
la manera en que se ha empleado el tiempo
vivido. Cuanto menos satisfactorio haya sido, más
profundo será el repudio hacia sí mismos.
La
pérdida del cuerpo joven, la nueva
responsabilidad de cuidar de los ancianos y de
guiar la generación futura, induce a la gran
mayoría a hacer una revisión
del pasado. Se analiza cómo ha transcurrido
la propia vida y cómo se quiere continuar.
Esto
sucede en varios aspectos, como en la vida
matrimonial o en la actividad laboral. Es
frecuente la sensación de que las expectativas
que uno se había propuesto no han sido
alcanzadas, lo que conduce muchas veces a un
replanteo en el estilo de vida seguido hasta el
momento.
Pero
así como se analizan los tiempos pasados también
se construyen
planes para el futuro. Se hace un balance de
lo vivido hasta el momento y se cuestiona cómo
continuará la propia existencia. Aparece, también,
la necesidad de recuperar el tiempo perdido y
vivir los años que quedan de una manera
distinta.
Para
muchas personas la vejez es un proceso continuo
de crecimiento
intelectual, emocional y psicológico. Se hace
un resumen de lo que se ha vivido hasta el
momento, y se logra felicitarse por la vida que
ha conseguido, aun reconociendo ciertos fracasos
y errores. Es un período en el que se goza de
los logros personales, y se contemplan los
frutos del trabajo personal útiles para las
generaciones venideras.
La
vejez constituye la aceptación
del ciclo vital único y exclusivo de uno mismo
y de las personas que han llegado a ser
importantes en este proceso. Supone una nueva
aceptación del hecho que uno es responsable de
la propia vida.
Vejez
Comienza
a los 65 años aproximadamente y se caracteriza
por un declive gradual del funcionamiento de
todos los sistemas corporales. Por lo general se
debe al envejecimiento natural y gradual de las
células del cuerpo. A diferencia de lo que
muchos creen, la mayoría de las personas de la
tercera edad conservan un grado importante de
sus capacidades cognitivas y psíquicas.
A
cualquier edad es posible morir. La diferencia
estriba en que la mayoría de las pérdidas se
acumulan en las últimas décadas de la vida.
Es
importante lograr hacer un balance y elaborar la
proximidad a la muerte. En la tercera edad se
torna relevante el pensamiento reflexivo con el
que se contempla y revisa el pasado vivido.
Aquel posee integridad se hallará dispuesto a
defender la dignidad de su propio estilo de vida
contra todo género de amenazas físicas y económicas.
Quien
no pueda aceptar su finitud ante la muerte o se
sienta frustrado o arrepentido del curso que ha
tomado su vida, será invadido por la
desesperación que expresa el sentimiento de que
el tiempo es breve, demasiado breve para
intentar comenzar otra vida y buscar otras vías
hacia la integridad.
El
duelo es uno de las tareas principales de esta etapa, ya que la
mayoría debe enfrentarse con un sinnúmero de pérdidas
(amigos, familiares, colegas). Además deben
superar el cambio de status laboral y la merma
de la salud física y de las habilidades.
Para
algunas personas mayores la jubilación
es el momento de disfrutar el tiempo libre y
liberarse de los compromisos laborales. Para
otros es un momento de estrés, especialmente de
prestigio, el retiro supone una pérdida de
poder adquisitivo o un descenso en la
autoestima.
Si
ha sido incapaz de delegar
poder y tareas, así como de cuidar y guiar
a los más jóvenes; entonces no sería extraño
que le resulte difícil transitar esta etapa y
llegar a elaborar la proximidad de la muerte.
Estas personas se muestran desesperadas y
temerosas ante la muerte, y esto se manifiesta,
sobretodo en la incapacidad por reconocer el
paso del tiempo. No lograron renunciar a su
posición de autoridad y a cerrar el ciclo de
productividad haciendo un balance positivo de la
vida transcurrida.
Es
la etapa en la que se adquiere un nuevo rol: el
de ser abuelo. El nieto compensa la exogamia del
hijo. La partida del hijo y la llegada del nieto
son dos caras de la misma moneda. El nuevo rol
de abuelo conlleva la idea de perpetuidad. Los
abuelos cumplen una función de continuidad y
transmisión de tradiciones familiares. A través
de los nietos se transmite el pasado, la
historia familiar.
Por
esta razón, una vejez plena de sentido es
aquella en la que predomina una actitud
contemplativa y reflexiva, reconciliándose con
sus logros y fracasos, y con sus defectos. Se
debe lograr la aceptación de uno mismo y
aprender a disfrutar de los placeres que esta
etapa brinda. Entonces, recuerde: hay que
prepararse activamente para envejecer, para
poder enfrentar la muerte sin temor, como algo
natural, como parte del ciclo vital.
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