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Los
trastornos de ansiedad son los que han sufrido más cambios
en sus criterios diagnósticos desde la tercera edición de Diagnostic
and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-III),
debido a los vertiginosos avances en el conocimiento de la
biología de la ansiedad. Durante los últimos 15 años, la
psiquiatría americana ha asistido al cambio experimentado
en la conceptualización de los trastornos de ansiedad,
desde las primeras formulaciones psicodinámicas sobre la
neurosis. El resultado es que la palabra
"neurosis" se ha eliminado de la nomenclatura
oficial, y las divisiones entre los diferentes trastornos de
ansiedad se han llevado a cabo en base a la validez y
fiabilidad de los criterios clínicos.
Cuando se evalúa a un paciente con ansiedad. el
especialista debe distinguir entre la ansiedad normal y la
ansiedad patológica. A un nivel práctico. la ansiedad
patológica se diferencia de la normal por la evaluación
que hacen de ella los pacientes, sus familias, amigos y el
propio clínico. Esta evaluación está basada en la
información que aportan los pacientes sobre sus estados
internos, sus conductas, y su nivel de funcionamiento. Un
paciente con ansiedad patológica necesita que se le
practique una evaluación neuropsiquiátrica completa, y que
se le aplique un tratamiento individualizado. El
especialista no debe perder de vista que la ansiedad puede
ser un componente de muchas patologías médicas y otros
trastornos mentales, en especial los trastornos depresivos.
Debido a las ventajas que supone para la propia
supervivencia el responder con ansiedad ante determinadas
situaciones amenazantes, se puede hablar de ansiedad normal
frente a ansiedad anormal o patológica. Por ejemplo, la
ansiedad es normal en un niño que está asustado por la
posibilidad de una separación de sus padres o una pérdida
de amor; en su primer día de escuela, es normal que sientan
ansiedad; en los adolescentes es normal en la primera cita,
en los adultos, cuando se enfrentan a la vejez y a la
muerte, y
para cualquiera cuando debe enfrentarse a una enfermedad. La
ansiedad es un acompañante normal del crecimiento, de los
cambios, de la experimentación de cosas novedosas, y del
hallazgo de la propia identidad y sentido de la vida. Por el
contrario, la ansiedad patológica es una respuesta
inapropiada a un estímulo concreto en base a su intensidad
o a su duración.
HISTORIA
Hace casi cien años, Sigmund Freud acuñó el térniino de
"neurosis de ansiedad" e identificó dos formas de
ansiedad; un tipo de ansiedad era el resultado de una
represión de la libido. En otras palabras, un incremento
fisiológico de la tensión sexual producía el
correspondiente incremento en la libido, la representación
mental de este estado fisiológico. La consecuencia normal
de esta tensión es, según Freud, el acto sexual (coito).
Sin embargo, otras prácticas sexuales como la abstinencia o
el coitus interruptus impiden la liberación de esta tensión
produciendo una neurosis. Entre las patologías resultado de
esta ansiedad excesiva relacionada con la contención
libidinal se encuentran la neurastenia, hipocondriasis y
neurosis de ansiedad. de todas las cuales Freud postuló que
tenían una base biológica.
La otra clase de ansiedad se caracterizaba por un
sentimiento difuso de preocupación o temor que se originaba
en un deseo o pensamiento reprimidos. Esta forma de ansiedad
es la responsable de las psiconeurosis histeria, fobias, y
neurosis obsesivas. Freud pensaba que estas patologías y la
ansiedad asociada a ellas estaban básicamente relacionadas
con factores psicológicos más que fisiológicos. El
conflicto intrapsíquico era el responsable de la ansiedad y
las psiconeurosis, y Freud observó que este tipo de
ansiedad era menos intensa que la observada en las neurosis
de tipo fisiológico.
Con la publicación en 1926 de Inhibiciones,
Síntomas y Ansiedad, Freud creó una nueva teoría de
la ansiedad que consideraba tanto la ansiedad externa real
como la interna neurótica, como una respuesta a situaciones
peligrosas. Identificó dos tipos de situaciones
provocadoras de ansiedad. Una de estas situaciones es la
estimulación instintiva desmesurada, el prototipo de la
cual es la experiencia del nacimiento. En situaciones de
esta clase, la excesiva presión del ambiente penetra en las
barreras protectoras del ego, produciendo un estado de
indefensión y trauma. La segunda situación y la más común
implica a la ansiedad que se desarrolla a partir de la
anticipación de peligro, más que a partir del peligro en sí
mismo. Esta alarma del organismo, conocida como signos de
ansiedad, opera a nivel inconsciente y moviliza los recursos
del ego para apartar este peligro. Tanto las fuentes de
amenaza internas como externas producen tal señal, que
conducen al ego a poner en marcha mecanismos de defensa
específicos para protegerse o para reducir el grado de
excitación instintiva.
ANSIEDAD
NORMAL
La sensación de ansiedad la han experimentado prácticamente
todos los seres humanos. Este sentimiento se caracteriza por
una sensación de aprensión vaga, difusa y desagradable,
que a menudo se acompaña de síntomas autonómicos, como
dolor de cabeza, sudoración, palpitaciones. opresión
precordial. y leves molestias estomacales. Una persona
ansiosa también puede sentirse inquieta. como lo indica su
incapacidad para estar en un mismo sitio durante bastante
tiempo. La constelación de síntomas de ansiedad tiende a
variar de una persona a otra.
Miedo y
ansiedad
La ansiedad es un signo de alerta; nos avisa de un peligro
inminente y permite a la persona tomar las medidas
necesarias para hacer frente a la amenaza. El miedo, un
signo de alerta similar, debería diferenciarse de la
ansiedad. El miedo es una respuesta a una amenaza concreta.
conocida, externa y no originada por un conflicto; la
ansiedad es una
respuesta a una amenaza inespecífica, interna, vaga, u
originada por algún conflicto.
La distinción entre miedo y ansiedad apareció por
accidente. El primer traductor de Freud, tradujo erróneamente
el término alemán "angst" que significa miedo. por ansiedad. Freud ignoró
en general esta distinción que asociaba la ansiedad a un
objeto inconsciente y reprimido. y el miedo a un objeto
externo y conocido. Por ejemplo, un chico puede asustarse
ante unos perros que ladran porque en la actualidad teme a
su padre. e inconscientemente lo asocia a estos perros.
De acuerdo con las formulaciones psicoanalfticas
posfreudianas. la separación del miedo y la ansiedad puede
justificarse desde el punto de vista psicológico. La emoción
causada por un coche que se acerca a gran velocidad mientras
una persona cruza la calle, difiere del malestar vago e
inespecífico que uno puede experimentar cuando se conoce
gente nueva en un ambiente no habitual. La principal
diferencia psicológica entre las dos respuestas emocionales
es la naturaleza aguda del miedo frente a la cronicidad de
la ansiedad.
Charles Darwin señaló que la palabra "miedo"
derivaba de palabras que significaban súbito y peligroso.
La duración también parece ser un aspecto de gran
relevancia en el fenómeno neurofisiológico de la ansiedad
y el miedo. En 1896, Darwin proporcionó la siguiente
descripción psicofisiológica de un miedo agudo convirtiéndose
en pánico.
El miedo suele ir precedido por una sorpresa, y está tan
relacionado con ésta que produce un aumento instantáneo de
los sentidos de la vista y el aprendizaje. En ambos casos
los ojos y la boca se abren más de lo normal y las cejas se
elevan. En un primer momento, el hombre asustado se queda
quieto como una estatua, inmóvil y sin respiración, o se
agacha como si de forma instintiva quisiese escapar de la
observación. El corazón late de prisa y violentamente,
como si golpease contra las costillas; pero es muy dudoso
que después rinda mejor de lo que lo hace normalmente, ya
que envía gran cantidad de sangre a todas las partes del
cuerpo; la piel palidece al instante y puede aparecer una
sensación incipiente de desmayo. No obstante, esta palidez
de la cara se debe en gran parte, o exclusivamente, a que
los centros vasomotores se ven afectados de tal manera que
causan una contracción de las pequeñas arterias de la
piel. Que la piel se ve muy afectada por esta sensación de
miedo, podemos observarlo en la forma inexplicable y
maravillosa en que súbitamente transpira. Esta exudación
es una de las características más llamativas, ya que la
cara después se enfría y de aquí deriva el término
"sudor frío"; mientras, las glándulas sudoríparas
vuelven a activarse cuando la cara recupera el calor. El
vello de la piel se eriza y los músculos superficiales se
tensan. De forma concomitante a la acción del corazón. la
respiración se acelera. Las glándulas salivares actúan de
forma irregular; la boca se seca, y se abre y se cierra
repetidas veces. También he notado que en una situación de
miedo leve aparece una fuerte tendencia a bostezar. Uno de
los síntomas mejor definidos es el temblor de todos los músculos
del cuello, que se observa en primer lugar en los labios.
Por este motivo y debido a la sequedad de boca, la voz se
vuelve ronca o diferente, o puede fallar.
A medida que el miedo se incrementa y evoluciona hacia el
terror, observamos diferentes consecuencias en función de
las violentas emociones a las que estamos sometidos. El
corazón late de una forma salvaje o puede fallar y producir
un desmayo; aparece una palidez semejante a la de la muerte;
se respira trabajosamente; las aletas nasal es se dilatan de
forma ostensible; aparece un movimiento tembloroso y
convulsivo de los labios, un temblor en las mejillas (que
suelen estar hundidas), y la garganta se aclara
continuamente; los ojos, desorbitados, están fijos en el
objeto del terror; o pueden moverse inquietamente de un lado
a otro, las pupilas están muy dilatadas. Todos los músculos
del cuerpo se vuelven rígidos, o pueden empezar a moverse
de forma convulsiva. Las manos se abren y se cierran
continuamente, a menudo con un movimiento crispado. Los
brazos pueden agitarse como si se intentase alejar el
peligro o pueden moverse de forma incontrolada alrededor de
la cabeza. En otros casos existe una tendencia súbita a
enfrentarse de una forma temeraria, y tan fuerte es esto que
los soldados más intrépidos se ven atrapados por un súbito
pánico.
Funciones adaptativas
de la ansiedad
Cuando se considera simplemente como un signo de alerta, la
ansiedad puede equipararse al miedo. La ansiedad nos avisa
de amenazas externas o internas; es un seguro de vida. Al
nivel más inferior, la ansiedad nos avisa de amenazas de daños
físicos, dolor, indefensión, posibles castigos o de la
frustración de las necesidades sociales o corporales; de la
separación de las personas amadas; de la
"amenaza" del éxito personal, y por último, de
la amenaza del vacío de la vida de uno mismo. Impulsa a la
persona a llevar a cabo los pasos necesarios para prevenir
esta amenaza, o para minimizar sus efectos. Ejemplos en la
vida diaria son la preparación de un examen, el evitar que
una pelota nos rebote en la cabeza, entrar a escondidas en
el dormitorio para evitar un castigo, y correr para no
perder el último tren. De esta forma, la ansiedad evita daños
avisando a la persona para que ponga en marcha mecanismos
que alejen la amenaza.
Estrés, conflicto y
ansiedad
El que un suceso sea percibido como estresante depende de la
naturaleza del mismo y de los recursos de cada persona,
defensas psicológicas, y mecanismos de afrontamiento. Todo
implica al ego, una abstracción colectiva para referirse al
proceso por el cual una persona percibe, piensa y actúa
respecto a los estímulos internos y externos. Una persona
cuyo ego funciona apropiadamente está en equilibrio
adaptativo tanto con su mundo interno como con el externo;
si el ego no funciona adecuadamente y el desequilibrio
resultante se mantiene durante bastante tiempo, la persona
experimenta una ansiedad crónica.
Tanto si el desequilibrio es externo, entre las presiones
del mundo exterior y el ego de la persona, o interno, entre
los impulsos del paciente (p. ej., agresivos, sexuales y de
dependencia) y la consciencia, se produce un conflicto. Los
conflictos causados por sucesos externos suelen ser
interpersonales, mientras que los causados por sucesos
internos suelen ser intrapsíquicos o intrapersonales. Una
combinación de ambos es
posible, como en el caso de los empleados que tienen un jefe
demasiado exigente y crítico y que deben controlar sus
impulsos para atacarle por el miedo a perder el empleo. Los
conflictos interpersonales e intrapsíquicos suelen de hecho
combinarse porque las personas son seres sociales y sus
principales conflictos suelen ser con las demás personas.
Síntomas
psicológicos y cognitivos
La ansiedad tiene dos componentes: 1) la conciencia de las
sensaciones fisiológicas (como las palpitaciones y la
sudoración) y 2) la conciencia de estar nervioso y
asustado. La ansiedad puede incrementarse con un sentimiento
de vergüenza "los otros se darán cuenta de que estoy
nervioso", Muchas personas se asombran al darse cuenta
de que los demás no perciben su nerviosismo, o si se dan
cuenta, no pueden apreciar con exactitud la intensidad de
esta ansiedad.
Además de los efectos motores y viscerales, la ansiedad
afecta a los procesos de pensamiento, a la percepción y al
aprendizaje. Tiende a producir confusión y distorsiones de
la percepción, no sólo en cuanto al tiempo y al espacio,
sino respecto a la gente y al sentido de los diferentes
sucesos. Estas distorsiones pueden interferir con el
aprendizaje dificultando la concentración, la memoria y
alterando la capacidad de relacionar unas cosas con otras,
es decir, de hacer asociaciones.
Un aspecto importante de las emociones son sus efectos sobre
la atención selectiva. Las personas ansiosas pueden
seleccionar ciertas cosas de su ambiente y descuidar las
otras en sus esfuerzos por probar que les está justificado
el considerar la situación como amenazante y el responder
en consecuencia. Si justifican su miedo de este modo, sus
ansiedades aumentan por efecto de las respuestas selectivas,
creándose un círculo vicioso de ansiedad, percepciones
distorsionadas y aumento de la ansiedad. Si por el
contrario, se aseguran a sí mismos de una forma errónea
mediante el pensamiento selectivo, puede reducirse la
ansiedad apropiada y pueden dejar de tomar las precauciones
necesarias.
ANSIEDAD
PATOLÓGICA
Teorías
psicológicas
Tres grandes escuelas psicológicas psicoanalítica,
conductual y existencial han contribuido a crear un concepto
teórico sobre las causas de la ansiedad. Cada una de ellas
es útil en el tratamiento de los pacientes con trastornos
de ansiedad, tanto desde el punto de vista conceptual como
práctico
Teorías
psicoanalíticas.
La
evolución de las teorías de Freíd sobre la ansiedad puede
trazarse desde el texto "Fobias y Obsesiones" en
1895, el libro Estudios
sobre la Histeria del mismo año, y el libro Inhibiciones,
Síntomas, y Ansiedad: de 1926. En esta última obra,
Freíd propuso que la ansiedad es un signo del ego de que
algún impulso inaceptable está presionando para hacerse
consciente, y así, descargar. Como signo, la ansiedad
impulsa al ego a defenderse de forma activa contra las
presiones del interior. Si la ansiedad se eleva por encima
de su nivel de intensidad característico. Puede adquirir
toda la furia de un ataque de pánico. Teóricamente, la
represión por sí misma provoca una restauración del
equilibrio psicológico sin que aparezcan síntomas, ya que
una represión efectiva contiene todos los impulsos Y los
afectos y fantasías asociados, devolviéndolos al nivel
inconsciente. Si la represión no es efectiva como defensa,
otros mecanismos de este tipo (como la conversión, el
desplazamiento y la regresión) pueden producir formaciones
sintomáticas, provocando así el cuadro típico de un
trastorno neurótico (como las neurosis histéricas, fóbicas
y obsesivo-compulsivas).
Dentro de la teoría psicoanalítica, se consideran cuatro
tipos de ansiedad, dependiendo de la naturaleza de las
consecuencias temidas: la ansiedad del impulso o del Ello,
la ansiedad de separación, la ansiedad de castración, y la
ansiedad del superego. Estas variedades se ha especulado que
se gestan en diferentes estadios del crecimiento y el
desarrollo. La ansiedad del impulso o del Ello está
relacionada con malestares difusos y primitivos de los bebés
cuando se sienten abrumados por necesidades y estímulos
sobre los cuales su estado de indefensión no les
proporciona ningún control. La ansiedad de separación
aparece en niños más mayores pero aún en la fase preedípica,
que temen perder el amor o incluso temen el abandono de sus
padres si fracasan en el control y dirección de sus
impulsos hacia las demandas y estándar de éstos. Las
fantasías de castración que caracterizan la fase edípica,
particularmente en relación con el desarrollo de los
impulsos sexuales en el niño, se reflejan en la ansiedad de
castración del adulto. La ansiedad del Superyó es el
resultado directo del desarrollo final de esta instancia que
marca el paso del complejo de Edipo y el inicio del período
prepuberal de latencia.
Los psicoanalistas difieren sobre las fuentes y naturaleza
de la ansiedad. Ano Rank, por ejemplo, situó la génesis de
la ansiedad en el trauma del nacimiento. Harry Stack
Sullivan destacó la relación precoz entre la madre y el niño
y la transmisión de la ansiedad materna a éste. A pesar de
las discrepancias entre las diferentes escuelas, el
tratamiento de los trastornos de ansiedad suele ser de larga
duración, mediante psicoterapias introspectivas o psicoanálisis
dirigidos a la formación de una transferencia que permita
volver a trabajar sobre el desarrollo del problema y la
resolución de los síntomas neuróticos.
Teorías conductuales.
Las
teorías conductuales o basadas en el aprendizaje sobre la
ansiedad han proporcionado algunos de los tratamientos más
efectivos para los trastornos de este tipo. Las teorías
conductuales afirman que la ansiedad es una respuesta
condicionada a estímulos ambientales específicos. En un
modelo de condicionamiento clásico, una persona que no
tiene alergias a los alimentos puede enfermar tras comer
pescado en mal estado en un restaurante. Las siguientes
exposiciones al pescado pueden hacer que la persona se
sienta enferma. A través de la generalización, esta
persona puede desconfiar de la comida preparada por los demás.
Como una causa alternativa, las personas pueden aprender a
tener respuestas internas de ansiedad imitando las
respuestas de ansiedad de los padres (teoría del
aprendizaje social). En cada caso, el tratamiento suele ser
alguna forma de desensibilización mediante la exposición
repetida al estímulo ansiógeno, todo ello complementado
con algún tipo de abordaje cognitivo.
En los últimos años, los defensores de las teorías
conductuales han mostrado un marcado interés por los
abordajes cognitivos a la conceptualización y tratamiento
de los trastornos de ansiedad, y los teóricos cognitivistas
han propuesto alternativas a los modelos de aprendizaje
tradicionales en este tema. La conceptualización cognitiva
de los estados de ansiedad no fóbica sostiene que patrones
van acompañados o precedidos de las conductas mal
adaptativas y a los problemas emocionales de pensamiento
distorsionados, defectuosos y contraproducentes. De acuerdo
a un modelo, los pacientes que sufren trastornos de ansiedad
tienden a sobreestimar el grado de peligro y la probabilidad
de perjuicio en una situación dada, y tienden a
infravalorar sus capacidades de afrontar las amenazas que
perciben contra su bienestar físico y psicológico. Este
modelo afirma que los pacientes con un trastorno por crisis
de angustia suelen tener pensamientos de pérdida de control
y miedo a morir que siguen a las sensaciones fisiológicas
inexplicables (como palpitaciones.. taquicardia, etc.), pero
que preceden y después acompañan a las crisis de angustia.
Teorías
existenciales.
Las
teorías existenciales sobre esta emoción proporcionan
modelos para el trastorno de ansiedad generalizada, en la
cual no existe ningún estímulo específico identificable
para los sentimientos crónicos de ansiedad. El concepto
central de la teoría existencial es que una persona toma
conciencia del profundo vacío de su vida, sentimientos que
pueden ser incluso más desagradables que la aceptación de
la propia muerte. La ansiedad es la respuesta de la persona
al enorme vacío de su existencia y a la falta de sentido de
la misma. La preocupación existencial puede verse
incrementada por el desarrollo de armas nucleares.
TRASTORNOS
DE ANSIEDAD DSM-IV
El
DSM-IV contiene los siguientes trastornos de ansiedad:
trastorno por crisis de angustia con agorafobia o sin ella,
agorafobia sin historia de crisis de angustia, fobia social
y específica, trastorno obsesivo compulsivo, trastorno por
estrés postraumático, trastorno por estrés agudo,
trastorno de ansiedad generalizada (todos ellos expuestos en
diferentes secciones de este capítulo), trastorno de
ansiedad debido a enfermedad médica, trastorno de ansiedad
inducido por sustancias, y trastorno de ansiedad no
especificado, incluyendo el trastorno mixto ansiedad-depresión
(que se expondrá posteriormente).
Prácticamente todos los bebedores de alcohol en algunas
ocasiones por lo menos han utilizado esta sustancia para
reducir su ansiedad, a menudo en el contexto social. Por el
contrario, estudios bien controlados demuestran que los
efectos del alcohol sobre la ansiedad son variables, y que
pueden ser afectados de manera significativa por el género,
la cantidad de alcohol ingerido y las actitudes culturales.
No obstante los trastornos debido al uso del alcohol y los
relacionados con otras sustancias se asocian por lo común
con trastornos de ansiedad. Los trastornos por el uso del
alcohol son unas 4 veces más comunes entre pacientes con
trastorno de pánico que entre la población en general y
unas 3 veces y media más comunes en pacientes con trastorno
obsesivo-compulsivo, y unas 2 veces y media más comunes en
pacientes con fobias. En varios estudios se ofrecen datos
que indican que las diátesis genéticas tanto para los
trastornos de ansiedad como para los trastornos por el uso
de alcohol pueden estar cosegregados en algunas familias.
Trastorno mixto ansiedad-depresión.
El
DSM-IV sigue las directrices de la décima revisión de la
International Classification of Diseases (ICD-IO) al incluir
en su apéndice, como ejemplo de trastorno de ansiedad no
especificado, el trastorno mixto ansiedad-depresión. Este
trastorno engloba a los pacientes que presentan síntomas de
ansiedad y depresión que no cumplen criterios ni para un
trastorno de ansiedad ni para un trastorno del estado de ánimo.
La combinación de estos síntomas provoca un deterioro muy
importante en el funcionamiento cotidiano de una persona.
Esta patología parece ser particularmente prevalente entre
los pacientes de asistencia primaria y los pacientes
ambulatorios de los centros de salud mental. No obstante,
las personas que no están de acuerdo con este diagnóstico
afirman que el trastorno está en los límites de la
normalidad y no merecería la clasificación de trastorno
mental. También afirman sus detractores que la existencia
del mismo impide al especialista tomarse el tiempo necesario
para obtener una historia psiquiátrica completa que permita
diferenciar los verdaderos trastornos de ansiedad de los
verdaderos trastornos depresivos.
EPIDEMIOLOGÍA.
Es
frecuente que coexistan un trastorno depresivo mayor Y un
trastorno por crisis de angustia. Más de dos tercios de los
pacientes con síntomas depresivos presentan también síntomas
claros de ansiedad, y un tercio cumplirían los criterios
diagnósticos para el trastorno por crisis de angustia. Los
investigadores afirman que de un 20% a un 90% de todos los
pacientes con un trastorno por crisis de angustia presentan
episodios de trastorno depresivo mayor. Estos datos sugieren
que la coexistencia de síntomas depresivos y de ansiedad,
ninguno de los cuales cumplirían criterios para un
trastorno depresivo o de ansiedad puede ser muy común. A
pesar de todo, hasta el momento no se dispone de datos
epidemiológicos oficiales sobre el trastorno mixto
ansiedad-depresión. En cualquier caso, algunos
especialistas e investigadores han estimado que la
prevalencia de este trastorno en la población general es de
más de un 10% Y en los centros de asistencia primaria, de más
de un 50%. aunque algunas estimaciones más conservadoras
sugieren una prevalencia del 1 % en la población general.
ETlOLOGIA.
Cuatro
líneas de investigación sugieren que los síntomas de
depresión y los síntomas de ansiedad están relacionados
causalmente en algunos pacientes afectados. Primero, cierto
número de investigadores ha descrito hallazgos
neuroendocrinos similares en los trastornos depresivos y los
trastornos de ansiedad, en particular el trastorno por
crisis de angustia, incluyendo una respuesta difusa del
cortisol a la hormona adrenocorticotropa (ACTH), y una
respuesta inespecífica de la hormona del crecimiento a la
clonidina, de la hormona estimuladora del tiroides (TSH), y
de la prolactina a la hormona liberadora de tirotropina
(TRH). Segundo, otros investigadores han aportado datos que
indican que la hiperactividad del sistema noradrenérgico es
un factor causal en algunos pacientes con trastornos
depresivos y en algunos con un trastorno por crisis de
angustia. En concreto, tales estudios han hallado mayores
concentraciones de un metabolito de la noradrenalina, el
3-metoxi-4-hidroxifeniletilenglicol (MHPG) en la orina,
plasma y LCR de los pacientes que están experimentando una
crisis de angustia. Al igual que en otros trastornos
depresivos o de ansiedad, la serotonina y el ácido y
aminobutírico pueden estar implicados en la etiología del
trastorno mixto depresión-ansiedad. Tercero, muchos
estudios han hallado que las sustancias serotoninérgicas,
como fluoxetina y clomipramina, son útiles tanto en el
tratamiento de los trastornos depresivos como en el de los
trastornos de ansiedad. Cuarto, algunos estudios familiares
han aportado datos que indican que los síntomas de ansiedad
y depresión están relacionados genéticamente, por lo
menos en algunas familias.
DIAGNÓSTICO.
Los
criterios diagnósticos del DSM-IV son similares a los del
ICD-IO, y se requiere la presencia de síntomas subsindrómicos
tanto de ansiedad como de depresión, y que estén presentes
algunos síntomas autonómicos, como temblor, palpitaciones,
boca seca, y molestias estomacales. Algunos estudios
preliminares han indicado que la sensibilidad de los médicos
de medicina general hacia este síndrome es baja, aunque
esta falta de concienciación puede reflejar la ausencia de
una etiqueta di agnóstica apropiada para estos pacientes.
SINTOMAS CLINICOS.
Los
síntomas clínicos del trastorno mixto ansiedad-depresión
son una combinación de algunos de los síntomas propios de
los trastornos de ansiedad y algunos de los síntomas
depresivos típicos. Además, los síntomas de
hiperactividad autonómica como molestias
gastrointestinales, son frecuentes y contribuyen a que estos
pacientes sean visitados con mayor frecuencia en las
consultas no psiquiátricas.
DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL.
El
diagnóstico diferencial incluye otros trastornos depresivos
y de ansiedad, y los trastornos de personalidad. De entre
los trastornos de ansiedad, el trastorno de ansiedad
generalizada es uno de los que con mayor probabilidad se
solapa con el trastorno mixto ansiedad-depresión. Entre los
trastornos del estado de ánimo, el trastorno distímico y
el trastorno depresivo menor son los que con más frecuencia
se solapan con el trastorno mixto ansiedad-depresión. Entre
los trastornos de personalidad, el trastorno por evitación,
por dependencia, y el obsesivo compulsivo pueden presentar síntomas
similares a los observados en el trastorno mixto
ansiedad-depresión. También deben considerarse los
trastornos somatoformes. Únicamente la historia psiquiátrica
completa, el examen del estado mental y un buen conocimiento
de los criterios específicos del DSM-IV pueden ayudar al
especialista a diferenciar entre las distintas entidades
nosológicas.
CURSO y PRONÓSTICO.
En
base a los datos clínicos de que se dispone hasta el
momento, parece ser que es igualmente probable que los
pacientes empiecen con síntomas predominantes de ansiedad o
de depresión o con síntomas mixtos. Durante el curso del
trastorno, los síntomas pueden irse alternando. En estos
momentos no se conoce cuál es el pronóstico.
TRATAMIENTO.
Como
en estos momentos no se dispone de estudios adecuados que
comparen modalidades terapéuticas de este trastorno, el
especialista suele tratar al paciente en base a los síntomas
presentes en ese momento, su gravedad y a su experiencia
previa con las diferentes modalidades terapéuticas. Estos
abordajes terapéuticos pueden incluir tratamientos de
duración limitada, como la terapia cognitiva o las técnicas
de modificación de conducta, aunque algunos especialistas
suelen utilizar psicoterapias menos estructuradas, como las
de orientación introspectiva. La farmacoterapia puede
consistir en ansiolíticos, antidepresivos o ambos. De entre
los ansiolíticos, algunos datos indican que las
triazolobenzodiacepinas (como el alprazolam) pueden ser las
más indicadas por su eficacia en el tratamiento de la
depresión asociada a los síntomas de ansiedad. También
puede estar indicada una sustancia que afecta a los
receptores serotoninérgicos tipo lA (5-HT1A) como la
buspirona. De entre los antidepresivos, a pesar de las teorías
noradrenérgicas que relacionan los trastornos de ansiedad y
los trastornos depresivos, los antidepresivos serotoninérgicos
como la fluoxetina, pueden ser los más eficaces en el
tratamiento del trastorno mixto ansiedad-depresiónm, aunque
se carece de datos que apoyen esta afirmación |